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Hábitat III. Otro ¿triunfo? del cinismo institucional.

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Por Roberto Goycoolea Prado

Hábitat III, el multitudinario encuentro que cada 20 años promueve Naciones Unidas para pensar el futuro de las ciudades, concluyó sus actividades en Quito ratificando el pasado 20 de octubre la Nueva Agenda Urbana (NAU). Su objetivo es ambicioso, Nada menos que convertirse en una estrategia común y global para el desarrollo de las ciudades en los próximos 20 años. (http://mirror.unhabitat.org/downloads/docs/25.02%20National%20Habitat%20Committees%20Guide.pdf)

Según UN-HÁBITAT, la agencia de Naciones Unidas para los asentamientos humanos, es un documento que sintetiza las aportaciones recibidas de gobiernos, instituciones y organizaciones de distinta índole. Ha sido un trabajo arduo y que muchos se han tomado realmente en serio preparando sus contribuciones a conciencia y durante meses. Tras varias idas y venidas la versión final de la NAU se presentó un mes antes del encuentro de Quito (10/09/2016).

El procedimiento usado para redactar la NAU permitió conocer desde hace bastantes meses su orientación y contenidos básicos. El debate no se hizo esperar. En síntesis, las  críticas se centraron en tres aspectos: (a) era un compendio de buenas intenciones en pro de una ciudad ideal pero ajena a los procesos reales de configuración urbana; (b) la ratificación estaría en manos de gobiernos y diplomáticos sin contar con la sociedad civil; (c) no se definían plazos, indicadores ni compromisos a cumplir.

Basta una lectura rápida de la NAU para constatar que eran críticas fundadas. En sus 173 puntos se va desglosando lo que según la ONU debería ser la forma de entender, configurar y gestionar la ciudad en los próximos años. Es un estupendo tratado de buenas ideas y mejores intenciones que aspiran a crear ciudades compactas, inclusivas, participativas, resilientes, seguras y sostenibles.

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El problema no es el ideal urbano al que se aspira sino que en el acuerdo no se presentan compromisos ni indicadores a cumplir. El conjunto de objetivos, sin duda oportunos, se plantea en términos de recomendaciones, peticiones, aspiraciones y similares. En síntesis, la NAU sigue, aunque profundizándola, la estrategia de los Objetivos del Desarrollo Sustentable (ODS, 2015). Otro magnífico ejemplo de utilización institucional de los imaginarios sociales para la construcción de ficciones políticas. Otra escenificación de acuerdos globales en favor de un idílico futuro común que, en la práctica, a nada comprometen.

Por esto no resulta extraño que quienes esperaban de Hábitat III propuestas y compromisos concretos orientados a conseguir mejores ciudades propusieran un Hábitat III alternativo. Con la  Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales, FLACSO, como cabeza visible, el encuentro se celebró en la misma ciudad y días que la reunión de UN-HÁBITAT. Y también se ratificó un documento, el Manifiesto de Quito, presentado como contrapropuesta a la Agenda oficial. (http://citiscope.org/sites/default/files/h3/Manifiesto_H3A-1.pdf)

Resulta instructivo comparar ambos documentos, tanto en su contenido como en los imaginarios en que se basan. La Agenda es un paradigma de corrección política donde, sin discutir las estructuras políticas ni económicas hegemónicas, plantea diversas estrategias generales para lograr ciudades más eficientes. El Manifiesto, en cambio, comienza con una pregunta que los jefes de gobierno no se hacen: ¿Quiénes hacen las ciudades? Y es en este punto de partida donde proponen, más bien, exigen, la “reconquista de la ciudad por y para los ciudadanos”. En síntesis, el foro alternativo antepone el Derecho a la ciudad y la Construcción social del hábitat como fundamento de cualquier acción urbanística.

No es esta columna de opinión el lugar para desglosar y comparar ambos documentos; pero os invitaría a que los consultarais, viéndolos como la manifestación de dos maneras opuestas de imaginar y configurar, no sólo la ciudad, sino la sociedad misma.

Pero se trata, también, de dos maneras de entender la democracia y los canales de participación ciudadana. Hábitat III, al menos en su fase consultiva, estuvo abierto a las más distintas aportaciones. Sin embargo, la redacción final de la NAU es un acuerdo de los gobiernos signatarios sin intervención de quienes habían participado en el proceso de consulta. Recordemos que ni siquiera quienes asistieron al evento en Quito tuvieron nada que decir, limitándose a ratificar al acuerdo gubernamental.

Esta práctica, como bien sabemos, lleva a la firma de declaraciones internacionales útiles para legitimar posturas y vender ilusiones pero de escasa o nula repercusión en los ámbitos de lo firmado. Se trata, en fin, de centrarse en la construcción de imaginarios por sobre cualquier otra consideración.

Lo peor es que este proceder es ya tan habitual que ni siquiera se oculta. En la portada página oficial de UN-HÁBITAT (http://es.unhabitat.org/) no hay (6/12/2016) ningún apartado dedicado a Hábitat III ni a la NAU. Sin duda es una extraña ausencia. Uno esperaría que quien ha promovido un acuerdo mundial para guiar la configuración de las ciudades en los próximos 20 años le diera la importancia que merece. Más aún si, como dice la Agenda, señala la línea prioritaria de actuación de Naciones Unidas en materia de asentamientos humanos. Pero nada de eso ocurre. Es más, si se pincha en el pequeño ícono del evento que web de la ONU tiene en la esquina superior derecha, sintomáticamente, aparece el siguiente mensaje: “Error establishing a database connection”.

22/12/2016

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