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CRÓNICAS URBANAS IV: Reflexiones al paso sobre la desafección social universitaria.

Roberto Goycoolea Prado

“El peligro para la democracia ya no se relaciona con los militares, sino con grupos civiles, think tanks […] y del mundo académico. [De aquí]  procede la extrema derecha que se denomina a sí misma ‘alternativa’ y que impulsa ahora un proyecto político marcadamente autoritario, que va desde EE UU a Oriente Próximo”.[1]

Al no ser experto en el tema, la noticia me desconcertó. Había leído que la Derecha alternativa era un movimiento heterogéneo de nacionalistas blancos, neomonárquicos, misóginos, masculinistas, conspiranoides, nihilistas beligerantes, xenófobos y trolls; un conjunto de frikis, cuyo ideario calza con la imagen del nuevo presidente de Estados Unidos, que habían ayudado a encumbrar.[2] En síntesis, hasta no leer la cita arriba reseñada de Soledad Gallego, no había reparado en la conexión académica de la Alt-Right.

Ciertamente, el panorama universitario actual es mucho más complejo y que los postulados extremistas de esta nueva derecha no son generalizables. Sin embargo, esto no nos exime de hacernos una pregunta que entiendo fundamental: ¿Qué ha pasado en estas instituciones para que los ideales ilustrados del valor del conocimiento científico y la racionalidad, de la igualdad y la tolerancia, que han guiado la labor de las universidades modernas, estén siendo reemplazados por imaginarios propios de las subculturas más retrógradas?

Desgraciadamente la periodista de El País no explicaba cómo había sido posible que un movimiento de este tipo floreciese en universidades norteamericanas y europeas de prestigio. Sin haberlo estudiado en profundidad, me atrevo a sugerir que esto es posible por la creciente separación del quehacer universitario de la realidad social, debido a la forma en que se la evalúa. Tesis que intentaré explicar viendo lo que ocurre en las Escuelas de Arquitectura, aunque es un fenómeno generalizable.

En las décadas de 1960 y 1970 los futuros arquitectos cursaban una serie de materias que tenían como objetivo comprender los fenómenos sociales: sociología urbana, geografía humana, economía, ergonomía, antropología, etc. Con ello se buscaba que los proyectos académicos resolviesen problemas reales, con respuestas social, técnica y económicamente factibles. La llegada del posmodernismo (paralela a la irrupción del neoliberalismo) cambió la orientación de los estudios, volviendo a centrarlos en sus aspectos más disciplinares –algo que la Reforma de Bolonia ha acentuado al acortar la carrera. Los temas sociales fueron desapareciendo de las asignaturas y de los trabajos prácticos. Hoy son escasas las Escuelas que buscan dar respuestas factibles a problemas sociales concretos. Hay, sin duda, muchos discursos sobre sostenibilidad, vivienda social, mejoramiento barrial, etc. Sin embargo, basta ver el enfoque de estos trabajos para constatar que se trata de meras elucubraciones teóricas o, peor aún, meros juegos formales. En un estudio que dirigí sobre unos 500 Proyectos de título españoles y portugueses, constatamos que en sólo un 3% se ceñía a presupuestos con precio de mercado, a las distintas normativas que afectan a las obras que efectivamente se construyen o a estudios en profundidad de los clientes o usuarios. El resto, solían ser propuestas para problemas y lugares concretos, pero proyectada sin restricciones; como el edificio de la fotografía adjunta, que reproduce en un entorno exótico (un favela) los imaginarios de las revista del start system de la arquitectura. [Fig. 1[3]]

De igual modo, en la evaluación de la docencia no prima el impacto social, al ceñirse a criterios pedagógicos abstractos o, peor aún, sobre criterios de eficiencia económica. La satisfacción del alumno y la eficiencia terminal (el número de aprobados) se han convertido en las grandes varas de medir al profesorado, pero a nadie parece importar (pues no se evalúa) si lo que se están formando son inadaptados sociales o profesionales que tienen una comprensión clara de los problemas sociales y la voluntad de resolverlos en beneficio de todos.

Otro tanto ocurre con la evaluación de la investigación, centrada en medir el número de artículos en revistas indexadas y/o de patentes comerciales. La transferencia social del conocimiento no parece interesar a las agencias evaluadoras. La academia reconoce hoy –con puestos, dinero y prestigio– a quien, por ejemplo, publique o patente el invento de una nueva letrina, pero no reconoce a quien [“sólo”] la construye, por más que esta acción de investigación aplicada haya mejorado la vida de muchas personas. Tampoco se reconoce que los estudios terminen en normas, reglamentos o ayuden a políticos y asociaciones civiles a tomar decisiones fundamentadas.

Con ello, al igual que los jóvenes del Me, Myself & I, la universidad vive centrada en sí misma, en sus problemas académicos y disciplinares. A ningún alumno de arquitectura se le evalúa por las consecuencias sociales que sus propuestas. Lo mismo ocurre con los investigadores, siempre evaluados por pares y nunca por instancias sociales. Así, cuando estos universitarios actúan en el mundo real, están convencidos que es tal como lo han teorizado/imaginado. Por esto no es extraño que ante las quejas de lo mal que funciona una plaza pública o un edificio, muchos arquitectos no se inmutan al afirmar que es el usuario el inadaptado.

Y, volviendo a la pregunta de partida, sólo la creación de un ambiente intelectual que por principio –es decir, por formación, por estructura– no considere o desprecie las consecuencias sociales de sus teorías y propuestas puede explicarse la aparición y defensa de un movimiento como el Alt-Right en el ámbito universitario. Ámbito que, visto lo visto, requiere reformas de calado.

* CRÓNICAS URBANAS I, II y III en repositorio de la página de RIIR.

[1] Soledad Gallego, “Los príncipes de las tinieblas”, Punto de observación, El País, 29/01/2017.

[2] Pablo Pardo, “La ‘neoderecha’: misóginos, trolls y xenófobos”, El Mundo, 10/11/2016

[3] Fig.1. Favela Cloud: New Spatial and Social Possibilities in Rio de Janeiro. Master thesis project by J. Kure, K. Usto & T. Manickam at Aalborg University, Denmark. 2012. http://www.evolo.us/architecture/favela-cloud-new-spatial-and-social-possibilities-in-rio-de-janeiro/

15.03.2017

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