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Sueño y tecnología

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Por Ozziel Nájera

La introducción de una nueva tecnología genera cambios en las dinámicas sociales. Es de esperar que no sólo se reflejen en la manera en la que se concibe el mundo, sino también en cómo se estructura simbólicamente. Las implicaciones de tal fenómeno se plantean en varios niveles, y el nivel del inconsciente es uno de los que las ciencias sociales suelen dejar a la psicología. Sin embargo, el acceso a sus dinámicas puede encontrarse en el sueño por donde se le quiera ver. El sueño es estructural a todas las culturas, a todos los pueblos. El relato onírico es una experiencia-lugar clave en el que también se confecciona la realidad social.

El ser humano sostiene una relación simpatética con los objetos de su entorno. Existen señalamientos muy acertados sobre la capacidad de simbolización que presentan los seres humanos universalmente, existir equivale a crear símbolos[i], a interpretar, empalabrar y clasificar el mundo circundante.

Los objetos en nuestro entorno cambian con el paso del tiempo su significado y el sueño es un lugar ideal para percibirlo, para entender el grado que ocupa en nuestra cotidianeidad a través de los procesos inconscientes que presentan no sólo a manera de relato, en su contenido manifiesto la percepción habitual de los objetos, en este caso de lo tecnológico, sino también a través de sus contenidos velados, latentes.

Una de las grandes constelaciones de símbolos que siempre aparecen en la humanidad se encuentran relacionados con la tecnología. El paradigma mecanicista enfrenta fuertes cambios al dar paso a las constelaciones de imágenes referentes a la electricidad, dentro de las cuales se encuentra el internet.

La vinculación entre el sueño y lo tecnológico han sido abordados de diversas maneras por las narrativas contemporáneas de Occidente. La gente suele relatar sus sueños a través del uso de lenguajes cinematográfico, habla de escenas, fachadas, movimientos de cámara, percepciones en primera persona, recursos que han sido retomados por los videojuegos y la realidad virtual con el objetivo de inmiscuir al sujeto en otras narrativas alternas a la realidad.

En Until the end of the World (1991) presenta una narración en la cual los seres humanos somos capaces de conocer nuestros sueños por medio de una máquina que logra por fin grabarlos. Cabe señalar que actualmente el neurobiólogo Moran Cerf en Estados Unidos de América desarrolla una investigación en la cual puedan traducirse las reacciones cerebrales en imágenes. Esto implicaría una puerta a conocer más a fondo la actividad onírica y la construcción de sus narrativas.

Por otro lado, tenemos otras narrativas como Matrix (1999), que propone despertar del sueño en el que vivimos, retomando los planteamientos hinduistas de que la realidad es maya, ilusión, de la cual es necesario desgarrarla para salir del engaño. En esa misma línea se elaboran otros argumentos similares como el de la película Abre los ojos (1997), que fue regrabada en su versión anglosajona como Vanilla Sky (2001), en la que los personajes viven en mundos simulados por computadora y se enfrentan a la necesidad de despertar del sueño. Esto se ha trasladado en la actualidad también en interesantes proyectos de investigación liderados por talentosos tecno-científicos que tratan de descifrar si vivimos dentro de una especie de simulación de computadora, pues aseguran (según Elon Musk) que existen dos billones de posibilidades de que este universo sea simulado.

La forma en que el sueño se nos presenta en las narrativas actuales también ha modificado su elaboración. El mismo control del sueño, o sueño lúcido, es retomado a partir de películas que generan un agudo impacto y que, al mismo tiempo, llegan a convertirse en crónicas obligadas a conocerse generacionalmente. Narrativas como Dreamscape (1984) o Inception (2010) han llegado permear en la psique de modo de que el soñante concibe sus escenarios oníricos de una forma completamente distinta a como lo pudieron entender generaciones pasadas.

La tecnología da nuevos motivos e historias para soñar, desde aquella análoga o de tipo mecánica, hasta la de corte digital. Como en cada época, su inserción en el entorno modifica las dinámicas sociales, establece nuevas visiones y propuestas que, junto con la idea de progreso, pareciera que obedeciesen a una especie de ritmo direccional hacia adelante, como si tuvieran el poder de llevarnos hacia lo que percibimos como futuro.

Existen claros ejemplos desde los universos narrativos de Occidente en los que se juntan estas dos temáticas, sueño y tecnología. Ya sea con la finalidad de penetrar más a profundidad en la mente del otro, en el reconocimiento de sus deseos, así como en los de uno mismo. Si hoy tuviéramos la tecnología suficiente para ver nuestros sueños, o mejor aún, para entrar en los sueños del otro, ¿nos negaríamos?

[i] Duch, L. (2002). Antropología de la vida cotidiana. Madrid, España:Trotta. p.47

06/01/2017

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