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La tecnología en antiguas mitologías. Resonancias arquetípicas del imaginario y la tecnología.

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Por Ozziel Nájera

Lo tecnológico, al parecer, es algo que se inserta de manera clara en las grandes mitologías, siempre en auxilio del ser humano o de los dioses que requieren de la inteligencia del inventor, o de algún artefacto que les ayude a alcanzar las metas que los hará trascender como héroes o deidades en la memoria colectiva.

Ya las antiguas narraciones bíblicas exponen en sus libros el apoyo que representaba para el pueblo judío el uso de tecnología, particularmente de guerra ante el asedio de la ciudad de Jerusalén:

“Toma pues un ladrillo, hijo de hombre, y ponlo delante de ti; dibujarás en él una ciudad: Jerusalén. Luego le pondrás sitio, construirás una torre de asalto, harás terraplenes, establecerás en su derredor campamentos y por todo su alrededor dispondrás máquinas para el sitio. Después tomarás una sartén de hierro que pondrás cual muralla de hierro entre ti y la ciudad, y te quedarás vigilándolas; tú le pondrás sitio y quedará sitiada. Esta será una señal para la casa de Israel” (Ezequiel 1-3, Biblia Católica).

 En este caso es el mismo dios protagónico del texto quien le pide personalmente a Ezequiel que haga uso de instrumentos tecnológicos para poder así sitiar la ciudad. De la misma manera puede verse que el empleo de máquinas es particularmente para la defensa u ofensiva del pueblo. Al menos en estas narraciones los artefactos son una herramienta más, no son ni creados bajo ideas divinas ni mediante la intervención de algún personaje de tipo mercurial que provea los planos, salvo el caso de Noé, quien construye un arca en función de una inspiración divina.

Un elemento fascinante a resaltar es la construcción de máquinas hechas de madera. La tecnología no es asociada del todo al metal. La máquina posee aún una particularidad orgánica que el fácil manejo de la madera otorgaba.

El folklore medieval y la tradición judía encuentra en sus leyendas la idea del autómata en la historia del Gólem. El Gólem es un ser de piedra o barro, originalmente creado por un rabino para defender el gueto de Praga de los ataques antisemitas, el cual logra cobrar vida a partir de la inscripción de la palabra Emet (verdad en hebreo) en su frente. El Gólem posee la cualidad de ser fuerte, pero no inteligente. Si se le ordena llevar a cabo una tarea, la llevarán a cabo de un modo sistemático, lento y ejecutando las instrucciones de un modo literal, sin cuestionamiento ninguno. Para desactivarlo bastaba borrar la primera letra de la palabra inscrita en su frente, quedando la palabra met (muerte en hebreo).

Conocido en este sentido es el relato, según el cual la esposa del rabino le pidió al Gólem que fuera “al río a sacar agua” a lo que el Gólem accedió pero al pie de la letra: fue al río, y comenzó a sacar agua del mismo sin parar, hasta que terminó por inundar la ciudad.

Por su parte la mitología griega destina un particular sitio. Aunque algunas figuras como Hermes o Prometeo fungían como mediadores del conocimiento, el mismo Olimpo daba un particular sitio al creativo pero desagradable dios Hefesto, quien por principio había sido arrojado desde el celestial hogar de los dioses al mar por su madre Hera en un intento de desembarazarse  de la vergüenza que le producía el horrendo aspecto de su hijo. Hefesto se salvó cayendo en el mar y fue criado por Tetis y Eurínome, demostrando un gran talento en la fabricación de joyas. Hera reconoce sus capacidades, lo instala de nuevo en el olimpo y lo casa con Afrodita.

Hefesto era feo y de mal carácter pero estaba dotado de grandes habilidades. Una vez construyó un juego de mujeres mecánicas de oro para que le ayudaran en su fragua. De la misma manera construyó una hermosa mujer de aire para Zeús, quién la daría como regalo a Epimeteo, hermano del titán Prometeo con quien estaba en constante pugna, a quien nombraría Pandora y posteriormente se encargaría de liberar los males humanos encerrados en un ánfora por ambos hermanos.

Otra historia interesante es la de Dédalo, a quien puede considerarse el patrón de la técnica en la antigua Grecia, quien le puso a su hijo Ícaro las alas que había fabricado para que pudiera volar y escapar del laberinto de Creta que él mismo había inventado. Dédalo previno a Ícaro: “Vuela a media altura. No demasiado alto, o el sol derretirá la cera de tus alas y caerás. Ni demasiado bajo, o tropezarás con las olas del mar”. Dédalo permaneció a media altura, pero rápido se dio cuenta que su hijo, entusiasmado en el vuelo, iba demasiado alto. La cera se fundió, y el héroe cayó al mar. Es curioso que regularmente la gente haga hincapié en las consecuencias que sufrió Ícaro, pero pocos hablan de que gracias a la invención de Dédalo, él pudo salvarse, y rescatar el inerte cuerpo de su hijo del mar y darle sepultura. En este caso la tecnología presenta las dos vertientes que hoy día nos maravillan y nos preocupan ¿Es acaso el progreso tecnológico el que nos salvará o nos hará precipitarnos hacia lo profundo del mar?

21/11/2016

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