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Imaginario, tecnología y sueños. Las estructuras subyacentes de la cotidianeidad

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Por Ozziel Nájera

Es relativamente normal en contemporaneidad vivir con la idea de que las formas en que estructuramos o percibimos la vida cotidiana, escasamente se ven atravesadas por las sutiles líneas que conforman la creencia, el mito o las narrativas que se tejen culturalmente. Tan sólo basta ver cómo en México, un puñado de fervientes seguidores de la fe cristiana, salen a tomar las calles porque sus creencias sean tomadas en cuenta como un código bajo el que todos debiesen vivir cotidianamente. Todo a nuestro alrededor se encierra en narraciones, en sencillos relatos que a su vez se articulan en uno más grande. Todos ellos a su vez están repletos de una rica simbolismo y un profundo significado que rara vez nos detenemos a analizar y a preguntarnos qué existe detrás de ellos o cómo se articulan en nuestras vidas cotidianas.

Los seres humanos nunca han dejado de necesitar de las mitologías engarzadas al imaginario. Es a través de ellas que dan sentido a la vida, que pueden darle forma y significación a su devenir cotidiano. Si se observa antropológicamente el enorme valor que en Occidente le damos a la vida, el misterio que nos representa la muerte, las distribuciones de los roles sociales o de género, la maternidad, la paternidad o el significativo papel que juegan los sueños en la comprensión de nuestra vida diaria, podemos, claramente, delinear cómo es que elementos estructurales de nuestra cultura persisten empapados de un sentido mágico y mitológico que se entrelaza con nuestras relaciones con el entorno y la sociedad. Tales explicaciones paradigmáticas no sólo atañen al judeocristianismo, sino que se entremezclan con las narrativas contemporáneas en torno al progreso, el cual se ha convertido en uno de los grandes mitos rectores generadores de sentido en la actualidad.

Lo mismo puede decirse de lo tecnológico. El cómo las sociedades modernas enfrentan los procesos de vida se ven atravesadas, vigorosamente, por la tecnología. Categorías esenciales como tiempo y espacio se trastocan y se explican de diferente forma no sólo en periodos largos de historia, sino prácticamente entre un breve lapso y otro gracias a los avances científico-tecnológicos. El ser humano de las grandes urbes – y parcialmente en lo rural- se convierte en dependiente del desarrollo técnico que posibilita un vertiginoso control del tiempo, en el que la velocidad es factor clave para tener presencia y conocimiento de todo aquello que se desee.

Los miedos inconscientes de la sociedad actual pueden verse reflejados en sus producciones artísticas y visuales. Los monstruos que persiguen y allanan el desarrollo de la vida cotidiana de los seres humanos en películas, series y novelas, poseen características que, si las revisamos de forma concienzuda, es posible que nos topemos con los temores inconscientes de la sociedad actual. Películas como Matrix o Terminator hablan del miedo que se le tiene a la máquina cuando rebase la inteligencia humana, o el mismo temor a un sistema totalitario donde todo funciona con un aparente y rígido orden, donde no hay espacio para las decisiones del individuo en un momento histórico en que el valor de la individualidad cobra proporciones excepcionales. Las máscaras monstruosas que se ponen los actores en cualquier película actual representan la auténtica fuerza bestial en el mundo moderno. El extraterrestre, la momia o el zombi son formas de vida despojadas de toda humanidad. Son seres que viven no en función de sí mismos sino de un sistema impuesto que amenaza las decisiones claras y conscientes.

Es cierto también que la televisión se ha convertido en la gran educadora de las últimas generaciones. De allí se desprenden ideas de cómo interpretar la realidad. Los sueños revisados en esta parte comienzan con escenarios propuestos en el cine o la TV. Las características del soñante se modifican o adaptan en función de cualidades que muchas veces no son meramente imaginadas o creadas de forma personal, sino basadas en la cinematografía o en el comic.

Aunque por otro lado, cabría hacerse la pregunta de si, relatos como Matrix que se posicionan como narraciones generacionales ¿Cubren ciertos aspectos o demandas de la sociedad? sobre todo en un momento en que los mismos científicos se cuestionan si nuestra realidad pudiera ser una simulación. Tomemos por ejemplo el sueño lúcido, que no es meramente una fantasía hollywoodense, sino que su presencia cultural ha existido desde hace ya muchos años y termina por cristalizarse en relatos con los cuales gran parte de la población se identifica. Lo difícil es reconocer la línea que existe entre una ideología y una imagen que verdaderamente habla de una propuesta o demanda social.

13/10/2016

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