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Querétaro, ciudad traidora y maldita

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Por Mario Armando Vázquez Soriano

Cuando después de su deceso los muertos siguen “hablando” se convierten en un problema.[i] En la ciudad de Santiago de Querétaro sucede esto en relación con el imaginario histórico y social sobre Maximiliano de Habsburgo y su fallido imperio. Los tres meses que el emperador estuvo en esta ciudad están condicionados por el relato que la historia patria presenta de este episodio. Tal como se puede observar en los murales pintados en el Salón de la Historia de Querétaro, ubicado en el edificio del Archivo Histórico del Estado, donde se puede constatar que lo que oficialmente se valora son el triunfo de la República sobre el Imperio y la imagen triunfante del presidente Benito Juárez.

Cabe recordar que el imaginario que buena parte de los mexicanos tiene de este suceso se establece a partir de la historiografía liberal, en la cual la Intervención Francesa y el Segundo Imperio (1862-1867) fueron una “prueba de fuego” donde los mexicanos demostraron al mundo su derecho a ser llamados una nación y los partidarios del imperio son considerados como traidores a la patria. A partir de esta elaboración histórica es que inicia el proceso de construcción de la figura de Benito Juárez como emblema de la República y Benemérito de las Américas, con menoscabo y escarnio de la figura histórica del archiduque de Habsburgo.[ii]

Mientras tanto, la presencia de Maximiliano ronda como un fantasma en la memoria histórica y el imaginario de los queretanos. Hace unos años varios diputados del congreso local quisieron emprender acciones oficiales encaminadas a revalorar la estancia del emperador en Santiago de Querétaro. Pero el debate entre los opositores y los partidarios de este revisionismo fue tan acalorado que no se pudo llegar a un acuerdo, por lo que se optó por recurrir al veredicto de los historiadores locales. No obstante, sucedió algo similar: mientras algunos se opusieron rotundamente a que se mostrara una visión favorable de Maximiliano que  contradijera la versión de la historia patria, otros sí fueron partidarios de una revisión histórica que hiciera un balance justo de este personaje y de sus acciones.[iii] Al final no se llegó a un acuerdo, por lo que de manera velada el recuerdo de Maximiliano de Habsburgo y su paso por la ciudad se recuperó positivamente en un museo que –paradójicamente- lleva el nombre de Museo de la Restauración de la República.

Pareciera que entre los políticos y los historiadores de Santiago de Querétaro todavía pesa el estigma que los liberales del siglo XIX le pusieron a la ciudad de ser “traidora y maldita”.[iv] Después del fusilamiento de Maximiliano en 1867, los esfuerzos que se han realizado por borrar dicha mancha ha llevado a varios historiadores queretanos a asegurar que cuando Benito Juárez arribó a la ciudad durante su regreso triunfal a la ciudad de México, en Querétaro se le brindó una gran recepción y la población en masa se volcó para recibirlo con festejos. Con afirmaciones como ésta se pretende disimular la simpatía que los queretanos tuvieron por el imperio y terminar así con la leyenda negra que pesa sobre la ciudad: “Porque injustamente se ha denominado a Querétaro la Ciudad Maldita. Acaso porque tuvo la desdicha de convertirse por burla del destino, en baluarte del Imperio, aunque el sentimiento de la mayoría de sus hijos era republicano”.[v]

No obstante, hay evidencia histórica de que durante el Segundo Imperio las élites queretanas persiguieron a los liberales republicanos y acogieron a Maximiliano desde su llegada al país; y fue así porque creyeron que satisfacía sus expectativas y que les permitiría situarse en el estrato superior de la nueva organización social que prometía el imperio. Poca duda cabe de que: “En Querétaro los gobiernos conservadores, centralista e imperial, fueron una realidad y sus actuaciones afectaron el modo de ser de la actividad política”.[vi] Por tal razón, el apoyo que los queretanos brindaron a los imperialistas fue duramente juzgado por los republicanos una vez que tomaron la ciudad. Incluso se amenazó con desaparecer al estado de Querétaro y repartir su territorio entre las entidades vecinas.

Visto lo anterior, es comprensible que no se desea abrir una cicatriz que a pesar del tiempo no termina de cerrarse. Como lo muestra la quinta sala del Museo de la Restauración de la República, llamada de “El triunfo”, donde se hace referencia a “la época en que cayó el Imperio y triunfó la República, se llenó de gloria el presidente Juárez, Mariano Escobedo y el Ejército Republicano. Este museo nos hace reflexionar que aunque la muerte de Maximiliano fue en 1867, hoy […] persisten el dolor y el recuerdo”.[vii]

De hecho la ciudad y sus habitantes pagaron muy caro el apoyo que se le dio al imperio. Tras el fusilamiento de Maximiliano, “el rostro de la ciudad era por demás desesperante: barrios en ruinas, edificios perforados por la artillería republicana, jardines y plazas cubiertos de escombros y sus árboles talados, cuarteles destruidos, el acueducto averiado, y sus calles y caminos devastados -llenos, en ese momento, de fosos y trincheras-. Todo era desolación, miseria y angustia. Las enfermedades, el hambre y el luto eran fieles acompañantes de los otrora belicosos defensores del imperio”.[viii] Sin embargo, en la imaginación popular la venganza no tardó en consumarse y adquirir la forma de leyenda: “se dijo que Benito Juárez murió envenenado por una queretana, La Carambada,[ix] quien logró mezclar veintiunilla [un poderoso veneno obtenido de una hierba de la región] en los alimentos del presidente […] Así, la población queretana, aunque en forma imaginaria, se vengó por las afrentas padecidas”.[x]

Después de la caída del imperio se produjeron intensas disputas al interior de la sociedad queretana, pero ésta se pudo reacomodar en la vida nacional en conformidad con la política de “paz, orden y progreso” que el presidente Porfirio Díaz puso en práctica.[xi] Pero la absolución de los emperadores Maximiliano y Carlota no llegaría ni siquiera con la celebración del Centenario de la independencia en 1910.[xii] Aunque en México se reniega de ellos haciendo alusión a sus títulos nobiliarios o sus lugares de origen (“el archiduque Maximiliano de Habsburgo” o “la princesa Carlota de Bélgica”), en Europa sí se les identifica como “Carlota de México” o el “emperador Maximiliano de México”. Quizás en un futuro dejen de ser vistos como unos “ilusos” príncipes extranjeros cuya estancia en México fue un mero accidente y se les reconozca como parte de la memoria histórica de la nación. Cuando llegue este día la ciudad de Santiago de Querétaro podrá recobrar -sin condena ni recriminación- su legado como el último bastión del imperio.[xiii]

[i] Pérez Vejo, T. (2005). “México: nación imaginada e iconografías identitarias. Venturas y desventuras en la construcción de homogeneidades”. Ponencia presentada en el Simposio 22 “Naciones imaginadas/naciones en imágenes: Iconografía y construcción de naciones en Europa y América”. Castellón: XIV Congreso Internacional AHILA.

[ii] Al respecto véase Pani, E. I2004). El segundo imperio. México: Fondo de Cultura Económica-Centro de Investigación y Docencia Económicas. A propósito de las distintas visiones que la historiografía mexicana y extranjera han tenido del Segundo Imperio Mexicano se puede consultar Quitarte, M. (1993). Historiografía sobre el Imperio de Maximiliano. México: Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Nacional Autónoma de México.

[iii] Somohano Martínez, L. Entrevista personal. Santiago de Querétaro, febrero de 2006

[iv] Del Llano Ibáñez, R. (1998). Boletín de noticias: Testimonio de un imperio. Documentos facsimilares. Santiago de Querétaro: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Autónoma de Querétaro, pág. 20

[v] Trueba Urbina, A. (1954). El Teatro de la República. Biografía de un gran coliseo. México: Ediciones Botas, p. 88

[vi] Suárez Muñoz, M. y Juan Ricardo Jiménez (2000). Constitución y sociedad en la formación del estado de Querétaro, 1825-1929. Santiago de Querétaro: Fondo de Cultura Económica-Gobierno del Estado de Querétaro. págs. 141-142

[vii] Querétaro. Guía turística de la ciudad de Santiago de Querétaro (2005). Santiago de Querétaro: Gobierno del Estado de Querétaro, pág. 25

[viii] Gutiérrez Grageda, B. E. (2005). Vida política en Querétaro durante el porfiriato. Santiago de Querétaro: Fondo Editorial de Querétaro-Universidad Autónoma de Querétaro, pág. 71

[ix] A propósito de Oliveria del Pozo, mejor conocida como La Carambada, se cuenta que estaba emparentada con Agustín de Iturbide, el primer emperador mexicano, y también que fue dama de honor de la emperatriz Carlota y acompañante del emperador Maximiliano durante el sitio de Querétaro. Véase Verdeja Soussa, J. (1994). La Carambada. Realidad mexicana. . Santiago de Querétaro: Ediciones Cimatario.

[x] Del Llano Ibáñez, R. (1998). Boletín de noticias: Testimonio de un imperio. Documentos facsimilares. Santiago de Querétaro: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Autónoma de Querétaro, pág. 20.

[xi] Gutiérrez Grageda, B. E. “Claros y oscuros del Porfiriato en Querétaro, 1876-1911”. Conferencia. Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. Santiago de Querétaro, 13 de abril de 2005

[xii] Véase Krauze, E. (2002). Siglo de caudillos. Biografía política de México (1810-1910). México: Tusquets, pág. 41

[xiii] En este sentido la obra del historiador Konrad Ratz es un gran avance, pues en ella se hace un rescate de esta parte fundamental de la memoria histórica de Santiago de Querétaro a través de una extensa narración de este episodio histórico, donde se incluyen datos de la estancia del emperador en la ciudad; del sitio militar al que fue sometida por las tropas republicanas; de los sucesos acaecidos tras la derrota de los imperialistas; y del juicio y el fusilamiento de Maximiliano. Además, sobresale la riqueza iconográfica que rescata el autor, el señalamiento de los lugares donde ocurrieron los hechos y el recuento de los monumentos que conmemoran este episodio. Véase Ratz, K. (2005). Querétaro: Fin del Segundo Imperio Mexicano. Santiago de Querétaro: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Gobierno del Estado de Querétaro.

03/11/2016

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