Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

El hijo del pueblo

 

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Por Mario Armando Vázquez Soriano

“José Alfredo”. Así, sin apellidos, es como se le conoce en México. Tal vez algún despistado no sepa que él fue quien compuso esa canción que canta el mariachi para calmar temporalmente el sufrimiento que le ocasionan “las leyes del querer”, pero en algún momento la mayoría hemos apaciguado el dolor acompañados por una canción de José Alfredo:

Acaba de una vez de un solo golpe

¿Por qué quieres matarme poco a poco?

Si va a llegar el día en que me abandones

Prefiero corazón que sea esta noche

Se han realizado importantes análisis de su obra, pero mi acercamiento a las canciones de José Alfredo se realizó de manera más personal. Siendo ambos originarios de Dolores Hidalgo, sus canciones fueron la pista sonora de mi adolescencia y juventud. Hasta la fecha Camino de Guanajuato me remite a las calles de esa ciudad de la infancia, en donde las campanas de las iglesias llamando a la misa dominical irremisiblemente nos remontan a la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando un sacerdote lleno de frenesí libertario levantó en armas a un pueblo.

En las conversaciones familiares mi madre me contaba cómo durante su infancia las sobrinas de José Alfredo visitaban su casa y eran sus compañeras de juego. Por mi parte, durante unas vacaciones de la universidad pude convivir con sus parientes al sumarme a la campaña de uno de sus sobrinos, quien volvería a ser electo diputado por el distrito. En la casa del candidato había un cuadro de José Alfredo que estaba situado -por supuesto- en el espacio correspondiente a la cantina doméstica; y en los pocos momentos en que la campaña política nos permitía platicar, el candidato me contaba sus vivencias al lado de su famoso tío. Entonces José Alfredo era parte natural de mi mundo, pero a partir de entonces me empecé a preguntar: ¿Por qué José Alfredo es tan representativo de la cultura mexicana?

Para Carlos Monsiváis, uno de los grandes cronistas de la cultura mexicana, José Alfredo Jiménez es el gran poeta popular del siglo XX y sus canciones transportan el origen campirano a la nostalgia citadina, lo cual constituye una de las características indelebles de la música ranchera. Asimismo, señala que las composiciones de José Alfredo obedecen a la premisa de que el mexicano es desdichado por naturaleza y que no existe mejor terapia de grupo que la borrachera:

Estoy en el rincón de una cantina

Oyendo una canción que yo pedí.

Me están sirviendo ahorita mi tequila

Ya va mi pensamiento rumbo a ti

Por mi parte intuyo que el arraigo de sus canciones en el inconsciente colectivo se remonta a la dualidad que caracteriza al pensamiento mesoamericano, donde lo masculino y lo femenino se complementan como Omecíhuatl y Ometecuhtli, el día y la noche, lo frío y lo caliente… para lograr el equilibrio mediante la unión de los contrarios. A esto apunta el mismo Monsiváis cuando advierte que las grandes interpretaciones que Lola Beltrán, Lucha Villa y Amalia Mendoza hicieron de las canciones de José Alfredo logran una combinación emocional perfecta al unir los reclamos de un hombre con las destrezas de una mujer. Esta operación simbólica es posible porque las canciones de José Alfredo son la antítesis del machismo mexicano. En ellas se representa al hombre que llegó de “un mundo raro”, que se emborracha, pero que sobre todo sufre y llora abiertamente por amor, sin temor a demostrarlo.

Ella quiso quedarse

Cuando vio mi tristeza,

Pero ya estaba escrito

Que aquella noche

Perdiera su amor

Para la mayoría José Alfredo Jiménez es el protagonista de “El rey”, quien con dinero y sin dinero hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley. Para otros, desde una perspectiva más íntima, es el dolorense que le puso música al sentimiento de identidad regional que había sido absorbido por el nacionalismo mexicano que hizo de Dolores Hidalgo la Cuna de la Independencia Nacional.

Ese pueblo de Dolores, qué pueblito.

Qué terreno tan bonito, tan alegre, tan ideal.

Guanajuato está orgulloso de tener entre su estado

Un pueblito que es precioso, valiente y tradicional

Sin duda hay muchos José Alfredo, tantos como interpretaciones hay de su obra. Pero todos confluyen en una misma estrofa que sintetiza el arraigo de sus canciones en la cultura mexicana:

Yo compongo mis canciones

Pa’ que el pueblo me las cante

Y el día que el pueblo me falle

Ese día voy a llorar

14 de julio de 2016

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