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Quimeras del ser joven ¿cualidad o condición?

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Por María Eugenia Rosboch

En la actualidad el sentido de la juventud se ha “cualitivizado”, desde diferentes órdenes sociales se busca a la juventud como recurso ineludible e indispensable para hacer política, negocios, arte, amores… Las razones de esa idealización pueden ser numerosas y seguro que lo son, pero en estas líneas me interesa problematizar solo algunas de ellas: el miedo a la muerte, la eternidad de la belleza y el potencial (fuerza, vitalidad y creatividad).

Los avances tecnológicos y científicos en materia de salud aumentaron las posibilidades de sobrevida de los seres humanos, la muerte comienza a observarnos desde mayor distancia y se prolonga la sensación de inmortalidad característica de la juventud. La vulnerabilidad se consume dejándonos una pequeña llama, que con su calor, nos hace sentir su permanente compañía que evadimos tras tinturas, postizos y quirófanos.

Al miedo a la muerte se le suma, como parte de un mismo proceso, la eterna belleza. Hombres y mujeres maquillamos nuestras vidas en los albores de los 40 y 50 (que ya se extiende hasta los 60/70) buscando prolongar la juventud marchita que se nos torna inagotable. Nuevamente nos topamos con los avances tecnológicos y la ciencia puesta al servicio de la estética que nos transforma en la máscara grotesca de nuestros hijos y nietos.

Eternizar la juventud implica también, dotarnos de las características que simboliza. Fuerza, vitalidad, creatividad son los baluartes de esa cruzada que teme a las canas. La juventud deja de ser una condición para pasar a ser una cualidad. Ese proceso de sustituciones y yuxtaposiciones donde la juventud encarna características que no necesariamente le son propias, afectan nuestra cotidianidad en profundidades no vistas o percibidas en otras épocas de nuestro desarrollo en tanto humanidad.

La sociedad imagina una juventud eternizada y necesariamente bella y, por tanto, deseable que repercute directamente en la política. Cada vez se torna más frecuente la necesidad de incluir a los jóvenes en los proyectos políticos, no importa demasiado quien, pero tiene que poseer el recurso tan deseado. El que asume un cargo solo por la “cualidad” de ser joven, o crea que tiene derecho solo por su juventud, es presa de una quimera. Pero no todo lo joven es bello, cuando se es joven en la pobreza lo bello se torna siniestro, el miedo cunde y la cualidad se transforma en defecto y éste en segregación.

Es responsabilidad de los que ya estamos formados romper con el embrujo y comenzar a “descualitivizar” a la juventud para darles la oportunidad de que formen sus propias cualidades demostrando que pueden tomar las riendas de las múltiples circunstancias que los afectan para hacer de nuestro entorno un mundo mejor. Es prioritario escuchar e incluir a nuestros jóvenes, no importa su condición sociocultural, desde su formación como sujetos creativos y responsables, no simplemente por la “condición” de su juventud.

25 de julio de 2016

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