Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

Inicio » Imaginación o Barbarie » María Eugenia Rosboch » “Ahora tenemos el cartel”. Imaginarios, prácticas y relatos

“Ahora tenemos el cartel”. Imaginarios, prácticas y relatos

16_Foto_perfil_Rosboch

Por María Eugenia Rosboch

Por ser esta la primera vez que escribo una nota de opinión en nuestra red, voy a proponer que reflexionemos sobre dos modelos que, en mi entrañable Argentina, están peleando desde hace más de una década: el relato y la práctica. ¿Por qué me interesa denominar así al difícil momento político por el que atraviesa mi querida nación? Porque considero que nos estamos enfrentando a la dualidad, hartamente debatida entre estudiosos del lenguaje y de los símbolos, entre el decir y el hacer.

Hasta hace unos meses atrás, el gobierno que se erigía sobre el relato, recreaba imaginarios sociales donde el pueblo era el principal portador de sentido, un magma de significación con bordes difusos desde donde penetraban y se evadían multitud de prácticas que, en mucho, atentaron con el nodo articulador de ese imaginario, pero que la fuerza de su sentir, lo mantuvo, algo golpeado, pero lo mantuvo al fin. Muchos tomaron su bandera, se sintieron incluidos y en el fervor de la batalla por “el modelo” fueron permisivos o desconocieron los llamados de alerta que indicaban desvíos, utilizaciones ventajosas o incongruencias.

Con el nuevo gobierno, en cambio, se invoca al silencio, denunciando la fugacidad del relato, se cuela entre los difusos márgenes del imaginario ya lastimado y se posiciona como el portador de soluciones efectivas ante un torbellino de deseos que, de tantos, se chocan entre sí y entorpecen los movimientos. El imaginario de pueblo se diluye en el de “buen vecino”, se habla poco y se hace y deshace mucho.

Pero el problema estriba en que no hay relato sin práctica, ni práctica sin relato. Por más que enunciemos el fin de la ideología en pos de la remanida búsqueda del camino hacia el progreso, hay imaginarios de país, de pueblo, de nación que orientan nuestras decisiones políticas. Y, en sentido inverso, si con la práctica no respetamos los preceptos del relato imaginado, pierde su potencia y no hay posibilidad de prefigurar un futuro.

Latinoamérica está atravesada por esas disonancias que generan graves perjuicios a sus  pobladores. Multitudes de personas se movilizan o son movilizadas guiadas por la esperanza de la inclusión social, derrotero que comienza con el torso erguido y el caminar ágil, pero que indefectiblemente concluye en una ir y venir cansino que solo encuentra el látigo de la promesa vacía, incumplida. Un ejemplo de esto lo podemos ver en una escena que recuerdo recorrió los medios en mi país, un integrante de la Comunidad Wichi radicada en el norte de la Argentina, mira un viejo cartel donde el gobierno anuncia que se realizarán obras de infraestructura que traerán agua potable a su pueblo, desde nuestra perspectiva, ese cartel indicaría la promesa incumplida, pero no fue esa la explicación que dio aquel hombre desdentado, sino que, con mirada segura sonrió y afirmó: “Ahora tenemos el cartel”.

Cuando construimos un relato sobre los pilares de arraigados imaginarios sociales, estamos invocando la fuerza acumulada por largos procesos históricos de construcción de sentido; esa potencia otorga poder al que la porta, pero también lo responsabiliza de su uso; pero si los negamos, si intentamos borrarlos, estamos tapando el sol con la mano y sabemos las consecuencias que eso trae. Las expectativas construidas, los sueños incumplidos siguen alimentando el sinsabor social que, por más que se intente encintar, el malestar estalla y el rugido brota.

No solo Argentina y Latinoamérica están sumergidas en estos dilemas, sino que el mundo en general es motorizado por imaginarios de raza, pueblo, democracia… que según sea la potencia del deseo, pueden desatar guerras, atentados y penurias perjudicando, siempre, al más débil. Es responsabilidad de intelectuales y decidores políticos que pensemos bien en qué decir, qué escribir y cómo actuar en consecuencia, porque somos muchos los que deseamos un mundo mejor y creemos en la palabra del otro.

25 de junio de 2016

A %d blogueros les gusta esto: