Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

Inicio » Imaginación o Barbarie » Javier Gallego » ¿Qué es populismo?

¿Qué es populismo?

Javier Gallego

Parece, a tenor de muchos comentaristas, que nos estamos acercando a una nueva era de populismos en política. Espinoso término que puede servir para identificar a Donald Trump, Berlusconi, Syriza, Podemos o movimientos neonazis por toda Europa. Por lo que deduzco, populismo no tiene mucho que ver con representar la soberanía popular sino más bien es un término peyorativo que emparenta con la demagogia. Parece ser que también existe un, llamemos, populismo malo y un populismo bueno.

Entre los análisis del fenómeno se entresacan algunas características propias de estos movimientos políticos, en especial en lo que respecta al discurso y los mecanismos de transmisión y propaganda, podríamos decir, de representación. Para el nuevo populismo los medios de comunicación no sólo son los convencionales mass media: las redes sociales son básicas para movilizar, aunque sólo sea en el sentido emocional, a los seguidores. Suelen identificar un enemigo al que culpar, a veces un chivo expiatorio (los extranjeros), otras veces algo más abstracto (el sistema), a la vez que presentan unas soluciones factibles, entendibles y radicalmente sencillas para aplicar a los problemas. La estetización de la política, la importancia que se le da a los gestos es paradigmática. En algunos partidos se mide al milímetro cada detalle de la indumentaria, de las referencias, de las connotaciones. En otros líderes prima la espontaneidad, más auténtica cuanto más rayan en lo soez.

La confusión entre la vida íntima y la fachada privada parece también patrimonio de esta nueva de hacer política. Donald Trump acompañado de su joven esposa, Carolina Bescansa llevando a su bebé a la sesión del Congreso… Las redes sociales ponen muy fácil la intromisión de lo privado en la esfera pública. Los candidatos se muestran, de esta manera, muy humanos, cercanos, identificables en el sentido de reconocibles y en el de facilitar nuestra identificación con ellos.

Los populistas no ponen freno a las insensatas demandas populares que se forman en las barras de los bares y las conversaciones de “cuñados”, que parece el término de moda. La conexión con el verdadero pueblo es instantánea, son representantes porque se comportan como ellos, visten de manera convencional, hablan y tienen los mismos prejuicios.  Se atreven a decir en voz alta lo que todos piensan en voz baja. Prometen lo que saben que la gente espera.

Y luego está el espinoso asunto de la posverdad, horrible neologismo para lanzar rumores maliciosos o directamente falsos para conseguir influir en los ya convencidos. De la efectividad de estas noticias sabíamos en sociología y lo llamábamos teorema de Thomas. A saber, que si algo se toma como real, es real en sus consecuencias. Los pánicos bancarios eran el ejemplo canónico, los odios xenófobos y los temores terroristas lo son ahora.

El panorama político se está llenando de fantasmas políticos, nos dice Manuel Arias Maldonado, quien ve en el nacionalismo, la xenofobia y el populismo unos movimientos en los que la razón se ve arrebatada por los sentimientos. Dejando aparte la visión tan del Romanticismo que tiene sobre las emociones, a lo largo de La democracia sentimental abundan los ejemplos de esta nueva política que turba nuestra claridad de percepción, cognición y decisión.

Sin embargo, nada de esto es nuevo. Cada uno de los pecados de este nuevo populismo estaba ya en los partidos tradicionales. Los rumores se han difundido siempre desde el poder y desde la oposición, se han enrarecido los ambientes con la crispación desde los medios. La vida íntima saltaba cuando Obama fotografiado con sus hijas, Carla Bruni adornando la carrera política de Nicolas Sarkozy con un romance casi de película. El uso de los sentimientos no ha estado ausente de los discursos de los grandes partidos, ¿cómo no recordar a la niña de Rajoy en la campaña contra Zapatero? o ¿a los artistas de la ceja? Promesas imposibles de miles o millones de puestos de trabajo, bajadas de impuestos y mano dura son el abecé de cualquier spin doctor que asesore a un candidato.

Quizás los así llamados partidos convencionales no estén muy duchos todavía en el uso de redes sociales, pero Internet llegó a la política para quedarse. La retórica se ha usado y se usa en los juicios con jurado, en las proclamas lanzadas a las ondas y a los futuros votantes. Las pasiones movilizadas a través de los discursos y los mensajes no son privativas de ningún segmento del arco político: enardecidas voces orgullosas del terruño en el que nacen y del candidato al que votan.

El término popular es sugestivo, como el de patriota o el gentilicio para añadir a la seña de identidad de un partido, pero el populismo es siempre el contrincante. Parafraseando a Bécquer, ¿y tú me lo preguntas? Populismo eres tú.

15.03.2017

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: