Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

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Imaginar lo imposible

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Por Javier Gallego

Ciertamente hay pocas ocasiones en las que nos venga la ensoñación para imaginar un mundo perfecto. No solemos ir por la vida diseñando utopías detalladas, no jugamos a ser dios salvo en contadas ocasiones. Quizás en una madrugada donde el insomnio o los amigos nos tiran de la lengua. Solemos adecuarnos con cierta incomodidad a las condiciones que nos son dadas.

Sin embargo hay quienes se dedican a ser visionarios de profesión, especialmente en los decisivos momentos que anteceden a los comicios. Se reúnen en comités y cartografían los deseos que atribuyen a sus posibles electores, los envuelven en papel celofán y los lanzan confiando en haber acertado al atribuir los miedos y las soluciones correctos en los correctos corazones.

Son las campañas electorales una ocasión especialísima para comprobar cómo lo deseable no es uniforme, que las aspiraciones de buena voluntad son más minoritarias de lo que se podría calcular. Y es natural que, desde cada posición social, desde cada experiencia, cada sujeto se haya hecho una composición de lugar del objetivo del horizonte al que necesita o le apetece acercarse.

La sociología del conocimiento ha dedicado meritorias páginas a desentrañar cuánto de terrenal hay en las visiones del cielo, cómo el mundo de los ángeles es humano, demasiado humano. La autopsia de las ideologías políticas saca a la luz los oscuros impulsos, las estructuras subyacentes de gran parte de los planes de gobierno y de sus justificaciones. Luego vendrán psicólogos a atribuirlos a idiosincrasias personales o clanes genéticos, los sociólogos a encuadrarlos en los sectores sociales, y la gente de la calle a votar o desechar.

A menudo la atención se fija en lo que estos diseñadores pretenden, o a lo que los individuos anónimos anhelamos. Sin embargo es apasionante prestar atención a lo que cada hijo de vecino considera como dato de partida, como algo inalterable, como cuestiones imposibles de cambiar. Hace muchos años que solicito a los alumnos que me cuenten cómo sería su mundo perfecto y no falta quien pide que exista una pena perpetua para los asesinos, terroristas o violadores. ¿Por qué no se han atrevido a pensar un mundo sin asesinos, terroristas o violadores?

Cada opción política sufre una ceguera ideológica parecida. Paradigmas científicos enteros se obcecan en tomar como base imposibilidades de facto. La teoría de juegos atribuye la necesidad intrínseca de maximizar la relación ganancias y pérdidas. Muchos de los conflictos entre las distintas escuelas económicas se basan en la imposibilidad de que los agentes económicos eviten distintos comportamientos. Los fundamentos teóricos se asientan firmemente en unos pilares que, por otra parte, sabemos que son incomprobables dentro de la propia teoría, como señalaba el teorema de Gödel. Lo imposible pertenece a estos invisibles pilares.

Como los imaginarios “en positivo” no son irracionales, antes al contrario, se basan en representaciones muy complejas y funcionales de la esfera bio-psico-social. Lo magnífico de esta ceguera es que es completamente, o casi completamente, inconsciente. Pueden servir a distintos amos, pero no suelen estar programadas intencionadamente. Lo que sí sucede es que son aprovechados de manera interesada para cubrir debilidades ideológicas, para insuflar miedos y alentar deseos susceptibles de ser rentabilizados en términos políticos, sociales, de prestigio o directamente económicos.

Que la guerra y la violencia en el ser humano es inevitable, que siembre habrá pobres y ricos, que el hombre es egoísta y eso no se puede cambiar, que una mujer es una mujer y un hombre es un hombre. Unos alertarán de las decepciones que provocarán las promesas irresponsables de los rivales, porque a los “mercados” no se les puede presionar. Que el mundo siempre ha sido mundo.

Nos movemos por la vida aspirando a una meta que se aleja cada vez más y cargamos con un equipaje de imposibilidades que echamos a nuestra espalda y que nos ciega otros caminos para alcanzar otros deseos.

12 de junio de 2016

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