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Marcos y lindes: De las imágenes del territorio como prolongación de lo propio a la otredad material. 2ª Parte

DIZ

Por Javier Diz Casal

Galicia es un territorio en el que el minifundio ha ido definiendo un paisaje rural, a ojo de águila, como si de una red irregular se tratase, y de proporciones empequeñecidas. Una separación que evidencia la repartición de la tierra, entre la prole de cada quien, a lo largo de los siglos. Esto lo ha venido recogiendo Tolosana[i] con arreglo a la cultura de Galicia. La Galicia nunca se caracterizó por una comprensión de la posesión de tierra con arreglo a la comunalidad, en la actualidad parece que se han venido dando casos de terrenos comunales pertenecientes a los pueblos y que pueden ser solicitados por periodos de tiempo anuales. Ello tiene varias ventajas, entre ellas: la de suplir las extintas prácticas de limpieza de los montes para la alimentación y manutención de los animales y como medio de procurar leña para los inviernos, para las cocinas, para los ahumados y la conservación de las carnes de la “matanza del cerdo”. En este contexto de propiedad privada minifundista, a lo largo de las generaciones, os lindeiros, que son una suerte de líneas imaginarias y sus marcos, se han venido encarnando por medio de elementos materiales, con suerte un árbol o un elemento inamovible las menos veces y otras, representado por una palo clavado, una piedra específica, un gran tarugo o algún elemento material digno de ser objeto de estudio de la antropología material.

A pesar de ser elementos móviles, estos marcos no han de ser movidos, ello provoca la adquisición de terreno por parte de la persona que lleva a cabo la acción en detrimento del vecino y, casi siempre, conflicto. Un conflicto que casi se ha fijado en esa representación mnésica colectiva, las peleas por mover los marcos, muchas veces con dramáticas consecuencias. Algunos autores han realizado acercamientos en esta línea temática.

Comenzando con Tolosana, referimos algunos extractos de su trabajo de campo que reflejan ese carácter minifundista de la propiedad de la tierra rural: “En Tuimil (Redondela), el promedio de la extensión de las parcelas es de seis áreas, pero “Hay bastantes de menos de un área” me dijeron los vecinos, “Como las fincas son muy pequeñas, al meter cuatro o cinco vacas (a pastar) es fácil que pasen os lindeiros[ii]. Mucho se ha recogido sobre la propiedad de la tierra en Galicia y sus implicaciones. Ahora bien, muy a menudo se ha pretendido mostrar estas imágenes del minifundio en Galicia como algo negativo, parejo al empobrecimiento y a la falta de desarrollo y utilización de maquinaria (habida cuenta de las reducidas proporciones). Si bien son éstos, elementos parcialmente ciertos o representativos desde según qué perspectiva, cierto es también que en ello, cabe también la perspectiva de una tierra como medio de sustento por pequeña que sea. Este modo de hacer en torno a la repartición de la tierra, a través de las generaciones, es diferente de otros asociados, históricamente, a otras regiones, en las que la tierra no se dividía y su herencia dependía de la primogenitura.

Sería interesante realizar una comparativa entre la repartición de la tierra en diferentes regiones y la recurrencia de conflictos asociados a ella. Aquí en Galicia no faltan conflictos. Quizá la cercanía y las proporciones reducidas de algunos terrenos de cultivo y forraje, sean elementos que expliquen, en parte, ese conflicto.

Los conflictos asociados a la propiedad de la tierra se relacionan, muy habitualmente, con la apropiación de una determinada superficie por parte del vecino que suele ser progresiva. Como sugiere Tolosana, puede dar la impresión de que los marcos se respetan ya que están en los extremos y, sin embargo y al mismo tiempo, producirse una apropiación, por ejemplo: arqueando las líneas imaginarias que separan las tierras de un marco a otro. En este caso, se estarían dilatando los lindeiros, respetando los marcos al mismo tiempo. Podemos ver a continuación un ejemplo gráfico de la partición de cuatro fincas en el que se observa como la persona propietaria de la parcela “A” se estaría apropiando del terreno de sus vecinos: “B” y “C”.

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Tolosana sugiere[iii] que este procedimiento comienza con el paisano dilatando sus lindes, de manera intencionada, al arar y con la intención de ver aumentado su terreno. Además de ello, esta reprobable, pero representativa práctica de afanar un poco de terreno del vecino, se da también por medio de la manipulación de los marcos o testigos[iv] que sirven de señas para la demarcación de los lindes. Yo mismo recuerdo que, cuando era muy pequeño, mi abuela me hablaba de los lindeiros de una finca suya y de la suerte que tenía porque varios de sus marcos no se podían mover ya que eran árboles. No obstante había tenido conflicto con algún vecino a colación de los que sí que eran móviles. Esta práctica siempre ha sido muy mal vista y la sabiduría y el refranero popular la ha recogido con el paso del tiempo. Tolosana apunta una creencia de la Terra Cha[v] que da cuenta del peso que ha de llevar quien mueve los testigos: “El que cambia un marco entre dos fincas robando tierra al vecino tiene que volver después de muerto a poner bien el marco o a pedir a un familiar que lo haga.”[vi] Puede parecer arcaico pero recordemos lo que decía Castoriadis: “La vida del mundo actual responde a lo imaginario como cualquiera de las culturas del pasado”.[vii] Éste, no es un caso aislado aquí en Galicia, pues las imágenes de la muerte impactan, muy habitualmente, sobre muchos elementos de la vida social. Hay mucho trabajo de campo recogido en torno a esto. En la 3ª parte seguiremos desgranando las imágenes del territorio rural en Galicia. Cordiales saludos.

[i] Tolosana, C. (1986). Antropología cultural de Galicia. Akal. (16-18)

[ii] Ibid. (17)

[iii] Ibid. (19)

[iv] Ibid. (19)

[v] Lugo, Galicia.

[vi] Ibid. (20)

[vii] Castoriadis, C. (1983). La institución imaginaria de la sociedad: Marxismo y teoría revolucionaria.

 

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