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Marcos y lindes: De las imágenes del territorio como prolongación de lo propio a la otredad material. 1ª Parte

DIZ

Por Javier Diz Casal

La demarcación de lo propio siempre ha sido una máxima, la identidad, seña de lo que alguien es o de lo que un grupo de personas son, o un grupo todavía aun mayor o, quizá, mejor expresado: reflejo de a lo que nos aferramos en pos de una autodefinición ontológica, marcos que definen sociedades, países, naciones… aun teniendo en cuenta el carácter policontextural actual de estas. Queremos hablar pues, acerca de lo que se ha venido utilizando materialmente como medio de definición y demarcación de lo propio como una suerte de separación de esto y lo ajeno, es decir, de la otredad material.

Para un acercamiento teórico general aludiremos a algunos autores y obras en las que se puede buscar el origen del estudio de la propiedad desde una metodología antropológica y sociológica cum licentia philosophiae. Lewis Henry Morgan, que ha realizado múltiples estudios acerca de la propiedad privada y comunal de la tierra, es un buen ejemplo. A lo largo de estos estudios ha postulado teorías que han resultado ser controvertidas y polémicas pero que no carecen de interés. En relación a la propiedad, teoriza sobre la relación que él creía existente entre la participación colectiva de los bienes y las tierras, en un marco de plena colaboración, con un mayor nivel de civilización. Ello bosqueja la radicación de algunas teorías en esta línea y apunta, del marxismo, una argumentación de carácter filosófico, social y económico que se ha venido vertebrando en base a este postulado más radical: lo comunal y compartido como enseña de un nivel de civilización superior.

Podemos situarnos en las antípodas de estas argumentaciones discursivas a colación de la propiedad, por medio de lo que dice Engels cuando escribe: “los jurisconsultos y los economistas (la) atribuyen a la sociedad civilizada y que es el último subterfugio jurídico en el cual se apoya hoy la propiedad capitalista”[1]. Es decir, la propiedad (privada) como fruto del trabajo o concebida con arreglo a este ambiguo. No resulta una coincidencia la similitud en los planteamientos de ambos autores, pues Engels había tomado los planteamientos teóricos de Morgan para la realización de su obra: Origen de la familia, de la propiedad privada y del estado. De hecho, el interés de Engels por la obra de Morgan fue el origen de una prolífica producción de textos que interpretaban a su vez los escritos de este. Además de Engels, estaba Marx, ambos trabajaban juntos sobre grandes entidades: la familia, la propiedad, los estados… Según Engels, la familia, la propiedad privada y el Estado emergieron como productos contingentes del desarrollo histórico y económica de la humanidad: Engels sostiene que la sociedad antigua, basada en las uniones gentilicias, salta al aire a consecuencia del choque de las clases sociales recién formadas; y su lugar lo ocupa una sociedad organizada en Estado y cuyas unidades inferiores no son ya gentilicias, sino unidades territoriales; se trata de una sociedad en la que el régimen familiar está completamente sometido a las relaciones de propiedad[2]. Este impacto, ha de suponer una marca también sobre una entidad tan común y presente, tan material e inmaterial, a saber: la propiedad, es decir, en relación a como se entiende, a los elementos a priori invisibles, ha de suponer un elemento direccional en la acción con efectos orientadores.

La propiedad es uno de esos conceptos que nos recuerda una de las particularidades más idiosincráticas de la realidad humana: la falta de absolutos, la inexistencia de universales, la relatividad de los constructos (También los referidos a los universales) y sus implicaciones analizables fenomenológicamente. Es decir, esa relación entre lo que las cosas parecen ser o en el cómo parecen producirse y el bagaje psicosocial que sostiene esa orientación, esa concepción o modo en las interpretaciones. En este sentido, el desarrollo sociohistórico de la comprensión de la propiedad como lo antónimo de pobreza, indigencia o miseria está ampliamente extendido en las sociedades actuales como seña de adscripción a una macrosociedad global. De hecho, los principales diccionarios gratuitos en línea sugieren esta antonimia y posicionan la propiedad en las antípodas de la pobreza. Ello sugiere que quien posee algo material no es pobre, quien tiene tierra no es indigente y que, básicamente, la miseria escapa ante lo material poseído como elemento que sostiene a la identidad. Como digresión sucinta, apuntar la falta de universalidad de estos imaginarios de los que hablamos a colación de la propiedad. Quizá lejanas pero jamás definitivas, se han ido quedando otras concepciones sobre lo que tiene que ver con la propiedad. Las grandes religiones mesiánicas procuraban unos imaginarios diferentes en relación a la propiedad y de ellos se desprendía una cosmovisión sobre ésta, que era diferente:

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (Corintios 4:18)

También el budismo se cimenta en la asunción de la liberación de los bienes materiales como medio de alcanzar la plenitud. Además, otras aproximaciones al fenómeno religioso asumen posiciones tan sumamente diferentes (a las nuestras) sobre la vida que es vano tratar de realizar relaciones sobre preconcepciones en los modos que fungen como realidades. Un ejemplo interesante serían las narraciones de Barley sobre la sociedad de los dowayo, también a colación de la propiedad.

Quizá toda esta deriva materialista tenga que ver con la muerte de los númenes, con la descentralización de Roma como centro de poder o con el hecho de que, ya, ni los caminos ni las ciudades sean seguros, pero esto es harina de otro costal y con ello finalizamos la digresión expuesta.

Después de esta introducción, queremos centrar el foco sobre la producción material de unos elementos que separan lo propio material de lo ajeno material: los lindes y marcos. Además, concretizaremos todavía más ya que nos circunscribiremos al territorio de Galiza y a los contextos rurales, sumergiéndonos en el desarrollo de la demarcación de la tierra y a las prácticas subrepticias que se han venido utilizando para agregar metros a lo propio en detrimento de la otredad material. Esto lo haremos en la siguiente columna, cordiales saludos.

[1] Engels, F. (1891). Origen de la familia, de la propiedad privada y del estado.  Marxists Internet Archive, Pp. 91

[2] F. Engels. Ibídem. Prefacio a la Primera Edición.

28 de agosto de 2016

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