Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

Inicio » Imaginación o Barbarie » Javier Diz Casal » Drug users are the new fats and blacks

Drug users are the new fats and blacks

SANYO DIGITAL CAMERA

Por Javier Diz Casal

Pretendiendo un juego de palabras a colación del título que reza “The Fats Are The New Blacks” y da nombre a una de las atractivas columnas de opinión del compañero Javier Gallego, denominamos así esta columna. Hace unas semanas conocí a una persona que me dijo que a partir de los treinta, uno va hilando cada vez con más cuidado: lo que habla, lo que escribe y desde luego, uno va teniendo más cuidado con las sensibilidades que puede herir afirmando tal o cual cosa. Sabias palabras abaladas, sin duda, con un respaldo empírico. Por eso mi respeto de antemano hacia esas sensibilidades que se puedan sentir agredidas.

Hace unos meses me encontraba conduciendo desde un lugar a otro por una carretera nacional aquí en España. En el coche íbamos mi pareja y yo. De repente (como siempre sucede) nos encontramos un control de la Guardia Civil[i]. Nos dan el alto y uno de los agentes se acerca a mí, me pide la documentación y me pregunta, literalmente, que si consumo alguna droga. Ahora pienso que lo que me contaba esta persona que me hablaba sobre la templanza de los 30 es cierto. Cordialmente mentí al agente en vez de pretender aleccionarlo, diciéndole: “¿Drogas? ¿Yo? No agente yo no consumo ninguna droga”, sin creerme del todo, el agente nos dejó marchar, quizá porque no disponían de ningún dispositivo para realizar la prueba conocida coloquialmente como “Drogo test” en esos momentos. Y nos fuimos, yo, con la sensación de verme obligado a mentir porque pese a que no me encontraba bajo los efectos de ninguna droga penable (había fumado un cigarrillo y había tomado café media hora antes), tenía claro que, habiendo consumido cannabis dos días antes, corría el riesgo de ser sancionado por conducir bajo los efectos de esta sustancia, insostenible.

La práctica del “Drogo test” entró en vigor sobre septiembre de 2011 ya que hay casos constatados que afirman haber sido sometidos a estos controles por aquel entonces, aunque fue ya para 2012 cuando comenzaron los controles masivos por medio de este tipo de prueba cero garantista. Para 2014 cualquier persona que consumiese drogas, especialmente cannabis o sus derivados, ya sabía que estaba condenada a no poder conducir. Como decimos, esto se acrecienta en el caso del cannabis ya que su rastro detectable en el organismo puede durar hasta tres días y un rastro nimio puede generar un montón de falsos positivos. De hecho, existen casos constatados de detección por consumo pasivo, es decir, por respirar en un ambiente cargado con el humo de la combustión del cannabis.

A todas luces, el respaldo que se le puede dar a esta práctica y que, de hecho se le da, no ha ser tomado en consideración por cuanto incurre en un atentado contra los derechos de las personas y se proclama nacido de un proceso científico, pero de carácter privado eso sí. De nuevo la ciencia, como la religión es utilizada como medio de sostener la consecución de determinados objetivos cuyo móvil resulta subrepticio, segregador y parcialmente[ii] ideológico e ideologizante.

Pongamos por caso que una persona que ayer se tomase una copa de vino diese positivo pasado mañana al coger el coche. De primeras, el mundo empresarial del vino (que también es una droga ya que posee un principio activo que modifica el organismo cuando interacciona químicamente con él) se alzaría y rodarían cabezas, los cultivadores, las grandes marcas, los restaurantes, los bares y seguramente Rajoy y Aznar, firmes defensores de la cultura del vino, saldrían a las calles en una suerte de procesión golpista, prorrumpiendo cánticos contra el poder establecido al grito de: ¡Viva el vino! O de forma más revolucionaria todavía, emulando el Grito de Yara: “¡Viva el Vino libre!”

Los UD (usuarios de drogas) somos los nuevos apestados, desde siempre lo han sido en estas sociedades tan policontexturales a las que les aterra saberse dependientes de las mismas cosas que las sociedades del pasado. Da igual que utilices cannabis para estimularte, relajarte o con el objetivo que estimes adecuado o que utilices psilocibina con la intención de procurar una serie de experiencias sinestésicas que dicho sea de paso, resultan enriquecedoras maneras de percibir lo exterior y construir la realidad de una manera especial por cuanto los procesos cognitivos se sirven de otras rutas neuronales no convencionales y que además implican una mayor actividad, dato científico para los más escépticos en esto de las drogas.

No solo se nos puede sancionar por consumir drogas, sino que además se nos puede, con total impunidad, preguntar sobre lo que hacemos en nuestra vida privada, el presente es la última distopía de moda. Las imágenes de las drogas no están exentas de la influencia de determinados lobbies y no lo han estado a lo largo de la historia. Se ha pasado de la sacralización de su consumo a la demonización en no muchos siglos.

Al final, no solamente se trata de multar a las personas que conducen bajo los efectos de las drogas (alcohol incluido) y que, en todo ello existe un afán recaudatorio, es tema sabido como atestiguan infinidad de conversaciones en cafeterías, reuniones y demás producción epistemológica lega, es, como decimos, otra representación que funge como realidad en esta sociedad española nuestra, de un país, el Reino de España, tocado y marcado para los siglos de los siglos por una esencia sumamente dicotómica y reduccionista, de un simplismo zafio, de una libertad de opinión supeditada a lo políticamente correcto, de un hacer pretender cuya enseña y prontuario son las mojigaterías heterónomas que se nos tratan de imponer. El problema reside en que éste, no es un colectivo cohesionado y, salvo en los casos de publicaciones especializadas o asociaciones, no se poseen las herramientas de defensa necesarias. Finalmente, como esto a nadie le importa, salvo a las personas a las les afecta, como tan habitualmente ocurre, se produce una situación de indefensión que deja huérfanas de derechos a las personas UD.

Sin pretender ser lapidario y más a modo de síntesis que de apedreamiento, acerco un adagio del refranero español tan antiguo casi como la propia lengua[iii]:

“Allá van leyes do quieren reyes”

Agradecimientos a mi amigo y compañero Xosé por la información aportada.

[i] Instituto armado español de naturaleza militar

[ii] Nótese que el significado aquí es el de parcialidad.

[iii] El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Volumen 3. Comentarios de Diego Clemencin. P. 318

20/10/2016

A %d blogueros les gusta esto: