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La resistencia académica

Francis

Por Francis González

Iniciar una columna de opinión en medio de tanta turbulencia social es un reto astronómico para una docente sensible y cuestionadora como yo. Pero es mi deber moral hacerlo; soy pedagoga en un país hermoso y al mismo tiempo convulsionado producto de una crisis estructural  que me es difícil explicar. Hablaré de lo que me toca el corazón, de lo que me produce insomnio y preocupación en mi cotidianidad: la educación venezolana.

Como fenómeno social fundamental la educación ha sido representada en el colectivo como un proceso de formación integral necesario para la convivencia en comunidad y una manera de transmitir los valores que la sociedad pregona. Sin embargo,  a partir de la crisis venezolana con todas sus aristas, he visto convertirse al proceso educativo en una víctima del poder desde un sistema político impositivo, absurdo y decadente que asume la educación como una especie de panfleto propagandístico que responde a intereses políticos e ideológicos “socialistas” que contradicen además nuestro texto constitucional que expresa claramente en el artículo 102“ la educación es…democrática, gratuita y obligatoria…fundamentada en el respeto de todas las corrientes de pensamiento”.

Por otro lado, la educación como visión de progreso individual, familiar, comunitario, social y nacional comienza a parecer poco rentable para nuestros jóvenes que ven en ella un “bien no necesario” en estos momentos coyunturales. Ideas que producen cada día una cantidad exorbitante de deserción en todos los niveles educativos, viéndose con más fuerza en las universidades autónomas que con su visión plural y democrática se convierten en instituciones que atentan contra la unicidad de pensamiento y son presionadas con prácticas indecibles para ahogar su voz y misión social.

Allí como testigo presencial asumo una lucha constante con otros académicos  para así evitar lo que tanto tememos: quedarnos sin estudiantes, sin almas con quien compartir saberes, sin futuros colegas que nos ayuden a combatir la desidia, la desesperanza y la apatía que el sistema ha generado aunado a la  violencia y la lucha por sobrevivir que carcome el sentir del ciudadano, pues a modo de Darwin la sobrevivencia comienza a ser la del más fuerte (con todas las implicaciones éticas que esto conlleva).

Surge así, eso que he llamado la “Resistencia Académica”. Un grupo de docentes que aún creemos en el país, en la educación, en la formación humana como un elevado principio que nos acerca a los otros, nos amplía el horizonte, nos permite expandir las alas del saber  para ser libres pero también más responsables sobre cómo y para qué es ese saber. Añado que no solo creemos en la educación,  sino al estar de pie en nuestras aulas frente de nuestros muchachos lo hacemos con valentía, convicción, mirándolos a los ojos con un discurso de esperanza que hemos empezado todos a compartir en nuestros espacios académicos: “Esto va a pasar y cuando pase estaremos juntos reconstruyendo el país que queremos”.

Este esfuerzo les confieso es diario, es como escalar una montaña gigantesca sin que nadie nos haya preparado para eso, es luchar contra esas representaciones emergentes que están destruyendo el espíritu de nuestros jóvenes y ciudadanos y en el que estamos alerta para que no nos arrope a nosotros, la tentación de caer está siempre cerca pues las ideas que comienza a prevalecer son: mejor no estudiar mejor no preocuparse, hay que salir a buscar el pan del día, ya estudiar no sirve de nada; expresiones comunes en nuestros estudiantes universitarios y el colectivo social contra lo cual combatimos sin descanso.

Que el mundo lo sepa, los rebeldes académicos que creemos en la educación no daremos jamás un paso atrás, la historia nos puso la tarea de asumir un posicionamiento ético en esta situación por lo tanto nuestro frente será la esperanza, nuestros principios no son negociables, seguiremos inyectando amor y progreso en las mentes de nuestros estudiantes y no los dejaremos claudicar ante el sistema más oscuro instaurado jamás en nuestro suelo. Esas representaciones negativas serán borradas, la historia así como nos exige también nos acompañará a quienes en presencias invisibles formamos para humanizar.

Y aunque entendemos que el reto es épico seguiremos resistiendo en la pluralidad, el respeto y la tolerancia, pero sobre todo en la solidaridad, ya que educar se ha convertido en nuestra amada Venezuela en un acto de resistencia, sí, pero también en un acto de apoyar y ayudar al otro en su formación de ser mejor persona, ciudadano y profesional competente  para la reconstrucción del país.

30 de junio de 2016

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