Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

Inicio » Imaginación o Barbarie » Felipe Aliaga Sáez » El imaginario de la paz en Colombia

El imaginario de la paz en Colombia

Felipe Aliaga

Por Felipe Aliaga Sáez

¿Qué es lo que pasa con el proceso de paz? Es lo que se preguntan los colombianos y muchas personas en el mundo. El concepto como tal se volvió reticular, y su operatividad está a merced de la burocracia, así como también de las “buenas intenciones” de los distintos sectores involucrados en los acuerdos. Digamos que el imaginario se ha vuelto demasiado abstracto, desde que el acuerdo no fue refrendado por la ciudadanía, se modificó y se aprobó esta vez vía congreso, además se realizaron actos solemnes, se le concedió el Nobel de la Paz al presidente Santos, y se mantienen detractores que aún no aprueban los acuerdos. En los noticieros no para el flujo de información y la gente no deja de hablar, pero en versiones que discurren en argumentos disímiles.

Todo lo que está sucediendo es demasiado para la ciudadanía, el plato hay que digerirlo por partes, ya que la paz se transformó, digamos en primera instancia, en un documento de 310 páginas, dividido en seis acuerdos: 1.- Acuerdo “Reforma Rural Integral”; 2.- Acuerdo “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”; 3.- Acuerdo “Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas”; 4.- Acuerdo “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”; 5.- “Víctimas”; 6.- “Mecanismos de implementación y verificación”. Todos estos puntos se ven envueltos en un entramado de institucionalidad, discusiones políticas y sociales, nuevas búsquedas de consenso, y trabajo hormiga de funcionarios públicos y agentes de la sociedad civil.

Cuando alguien quiere explicar cómo se está haciendo la paz y cuáles son los caminos para su realización, debe al menos llegar a entender qué dicen los acuerdos, tarea que por cierto no es fácil y que siendo realistas la mayoría de la población no resiste.

Frente a esta dificultad, cuando se habla de paz, se choca de frente con un país en donde la “delincuencia común” urbana y rural, la corrupción, las bandas criminales, los asesinatos, y demás problemáticas violentas aún siguen vivas y aparecen permanentemente en la cotidianeidad de las personas.

Son contradicciones frente a un país de personas que buscan construir una ciudadanía de respeto y dignidad, “humana” como un antiguo eslogan de Bogotá; hombres y mujeres que como en cualquier parte del mundo desean trabajar, vivir de manera honrada y disfrutar tranquilamente del espacio público.

La paz es como la cima de la montaña a la que todos están esperando llegar, y esperemos que los desmoronamientos y fracturas del camino no impidan a las personas perder de vista lo que está pasando, y no dejar sólo en manos de los políticos la tarea de ir abriendo los senderos hacia la tan anhelada e imaginada paz en Colombia.

22/01/2017

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: