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¡APLASTEMOS AL INFAME!

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Por Fátima Gutiérrez

Llegué a Niza en una primavera tan radiante que, aunque recién estrenada (fue a finales de un mes de marzo), parecía que era el estado natural de la ciudad que, llena de luz, se desperezaba entre unos Alpes aún nevados y el mar azul que de tan azul, de tan intenso y límpido, le había dado nombre a su costa. Llegué en tren y, de repente, como por sorpresa, ahí estaba la montaña en una armonía perfecta con el cielo y con el mar. Cierro los ojos y aún los veo. Recuerdo haber sentido una emoción muy honda.

Mi, después de ese primer encuentro, buena y admirada amiga Arlette Chemain había organizado en su Universidad de Niza-Sofía-Antipolis un coloquio dedicado a la literatura estudiada desde la teoría del imaginario de Gilbert Durand: Éclipses et surgissements de constellations mythiques (Eclipses y nacimientos de constelaciones míticas). Creíamos que iba a ser uno de los últimos homenajes al viejo maestro que rehabilitó para nuestra cultura el término “imaginario” ese que, gracias a él, pasó del desprecio que la filosofía occidental dedicó desde siempre a lo que consideraba no racional a situarse, lo que no podía ser más prestigioso, en la base misma del pensamiento. El que hoy en día se utilice de manera exhaustiva y, generalmente sin mucho sentido, en todos los medios de comunicación, simplemente porque se ha puesto de moda y, en la mayoría de los casos, ignorando su significado, es otra historia, de la que algún día hablaremos, pero no hoy…

Llegué, pues, por primera vez a Niza para celebrar la vida y la obra de Gilbert Durand que, dada su avanzada edad, por inexorable ley natural, iba llegando a su ocaso. O eso creíamos, porque, para alegría de todos los que le quisimos y admiramos, le quedaban aún unos cuantos años de creación contemplativa en los que el artista, el pintor, sucedió al intelectual impetuoso. Desgraciadamente, para mí, Niza fue el lugar de mi último encuentro con él; pero no podía saberlo y sólo importaba que aquellos días de luz y primavera, que aquella ciudad alegre, cosmopolita y variopinta le habían rejuvenecido. De un paso erguido y firme y con su mirada profunda y brillante como el océano al amanecer, parecía un turista más por el Paseo de los Ingleses, sacando de su infinito repertorio de anécdotas hilarantes las más jugosas. Si mucho admiré al intelectual y al artista, más aún admiré al hombre que sabía hacer reír, hacer felices a los que tenía a su alrededor. Su humor, su sonrisa, su bonhomía, en absoluto reñidos con su fuerza y su carácter valiente e indomable, y el recuerdo radiante de todo aquello construyeron en mi imaginario un paisaje mítico, refugio de horas bajas y abrigo de esa tristeza que, a veces, te asalta como un ladrón en las noches oscuras del alma.

Hasta el último 14 de julio.

Todos sabemos lo que pasó en Niza, en el Paseo de los Ingleses: se enfrentaron la fiesta y la rabia; los fuegos de artificio y el fuego del fanatismo; una cálida y acogedora noche de verano y el gélido filo de un odio supersticioso y cruel. Y vencieron los últimos. Primero en el acto criminal y suicida que llenó de dolor y de sangre un alegre paseo junto al mar. También, aunque sin consecuencias más que para ellos mismos, en el acto cobarde y sin sentido de escupir y arrojar piedras en el lugar en el que cayó el asesino.

Sabemos que, en los años finales de su vida, Voltaire firmaba sus notas a los más íntimos con la frase Écrasez l’infâme ! (¡Aplastad al infame!), incluso con la abreviatura Écrlinf. A pesar de todo lo que se ha dicho sobre ella, entre otras, en una carta a su amigo d’Alembert (del 28 de noviembre de 1762), el patriarca de Ferney deja muy claro quién es, para él “el infame”, es la superstición, el fanatismo, la intolerancia. Han pasado varios siglos y, como pudimos sentir el último 14 de julio, aún tenemos que esforzarnos en aplastar al infame: al infame que hay en el otro: sí, quien tenga fuerza y legitimidad para ello; pero, para los ciudadanos de a pie, para cada uno de nosotros, será difícil aunque mucho más provechoso, empezar por el infame propio.

21 de julio de 2016

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