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Imaginar la inclusión y politizar la discapacidad: Un dialogo entre la sociología y la terapia ocupacional

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Por Diego Alfredo Solsona Cisternas

El tópico de la discapacidad, su naturaleza, efectos, dinámicas e intervenciones ha sido históricamente aprehendido y monopolizado por el modelo biomédico rehabilitador. Primero con una psiquiatría que categorizaba y nombraba a los locos como “deficientes mentales” o “patológicos” y de esta forma mutaba la forma de intervenir a este colectivo, que en el lenguaje de Foucault, se mapeaba o localizaba en los lugares que las sociedades acondicionan en sus márgenes (heterotopologia) una ubicación simbólica que se transmuta a ubicación física (hospitales psiquiátricos). Posteriormente y bajo el nacimiento y consolidación de paradigmas mecanicistas para intervenir el cuerpo, sobre todo en la época post-segunda guerra mundial donde el objetivo de los interventores del cuerpo era rehabilitar en aras de recuperar funcionalidad, es así que se consolidan disciplinas médicas como la kinesiología, la fisiatría y la terapia ocupacional. No obstante, esta última disciplina mencionada tiene una cosmovisión diferente a todas las demás ciencias de la salud. La terapia ocupacional tiene orígenes sociales y encuentra el lugar de su residencia epistemológica en las ciencias de la ocupación. Los T.O proponen conceptos interesantes y dignos de ser considerados por las ciencias sociales, como por ejemplo el de “justicia ocupacional” que considera las necesidades particulares y cargadas de subjetividad de los usuarios que intervienen, a los que ellos consideran agentes activos de conocimiento y que por lo tanto, asumen que las intervenciones no deben ser paternalistas o sistematizadas como panaceas mecánicas ejecutadas por un experto. Al contrario, co-construyen con sus usuarios sus intervenciones y el éxito de los resultados de estas, no se basan en los parámetros objetivos de la rehabilitación funcional, sino en el “bienestar” y la valoración subjetiva de los usuarios que le otorgan una alta ponderación a estas intervenciones, en la medida que estas contribuyen a su reinserción ocupacional en actividades pletóricas de sentidos y significados.

Yo trabajo estrechamente con la carrera de terapia ocupacional en la región de Magallanes, Chile, y he asimilado e incorporado a mi quehacer pedagógico e investigativo muchos de los conceptos, prácticas e intervenciones que ellos realizan. De hecho en el ámbito de la intervención trabajo en la “Estrategia de desarrollo local inclusiva” del servicio nacional de la discapacidad, en la cual recogemos las opiniones, demandas y significación de experiencias de las personas en situación de discapacidad, con el objetivo de mejorar el trato desde la municipalidad de la comuna, tanto en los aspectos del lenguaje, como de la accesibilidad universal a los espacios locales, de las ayudas técnicas, etc. Y por otro lado desde el plano de la investigación, estamos en plena ejecución del programa de investigación “Violencia simbólica, alteridad y apartheid ocupacional en la región de Magallanes: la construcción del otro desde las personas en situación de discapacidad”. En el cual pretendemos establecer los imaginarios sociales con respecto a las PsD. No obstante y a pesar de estos acercamientos, he manifestado mi disensión con respecto a cierta ingenuidad de los terapeutas ocupacionales al plantear que la ocupación es generador de salud y bienestar subjetivo, lo que es parcialmente ciertísimo,  sin embargo, también existen “malas ocupaciones”, restricciones, exclusiones multiformes, etc. Y estas malas ocupaciones (empleos mal remunerados, discriminación laboral, negación de derechos reproductivos y sexuales, etc.) en las PsD son producto de relaciones objetivas de desigualdad, cuyo sustrato esencial está en la diferenciación con connotaciones negativas entre “egos normales” y “alters no normales”, es decir, la discapacidad es algo imaginado, pero a su vez ideológico y por ende “político” (entendemos una relación en doble sentido entre imaginario social e ideología, tal como lo plantea el profesor Manuel Baeza, el poder se apropia se ciertas producciones imaginarias, controla la difusión de los discursos y genera practicas funcionales a partir del establecimiento de un imaginario dominante). En virtud de esto, siempre les pregunto a mis amigos terapeutas. ¿Puede un terapeuta ocupacional evitar lo político?

La respuesta a la pregunta anterior es NO, es lo que ellos responden. La premisa cliché al hablar sobre las acciones en torno a las PsD es “debemos incluirlas”, sin embargo, ¿Qué es la inclusión en este contexto? Es acaso la inclusión, realizar diagnósticos ciudadanos con las organizaciones de las PsD para preguntarles cómo viven la ciudad, o será acaso entregarles más ayudas técnicas en nombre de la consecución de una tan reclamada “autonomía”, o es más, será obligar a las empresas por ley de cuotas a incorporar a un número de trabajadores que sean PsD y esto se traduzca en un porcentaje plausible, será inclusión que los recursos y tratamientos de las PsD sean financiados por fundaciones que recurren a shows mediáticos para recolectar fondos, shows que se convierten en pasarelas de frivolidad matizadas por pretensiones altruistas y filántropas. La inclusión de las PsD nunca será una concesión, sino que es algo que se debe gestionar y ganar en los espacios públicos, en las cotidianidades experienciales, algo que se concreta luchando, abriéndose surcos aun en los contextos de determinismos estructurales. Es aquí donde juega un rol central la dimensión política de los imaginarios sociales. ¿Cómo imaginamos la inclusión? La posibilidad creativa casi infinita del ser humano nos permite pensar que de forma sui-generis podemos idear la inclusión no desde el funcionalismo paternalista de los “expertos” sino como un ejercicio de co-construcción entre profesionales, sociedad civil, Estado y por sobre todo los mismos protagonistas, los actores, los agentes que si tienen voz, al fin y al cabo, tal como Baeza cita al antiquísimo filosofo Protágoras “el único juez que puede pronunciarse acerca de los resultados de una experiencia es aquel que muy precisamente efectúa esa experiencia”  por lo tanto, tenemos en los imaginarios sociales la posibilidad de reinvertir, recrear y re significar la inclusión, lo cual podría impregnarse de lo político para producir modos particulares de existencia, de formas de vivir la sociedad.

Rescatar la voz de las PsD desde esa interpretación rica de sentido que los propios actores le otorgan a la experiencia, y de cómo ellos, como protagonistas del ejercicio político de la inclusión, a través de la imaginación, de la creatividad e incluso desde lo onírico, proyectan esa inclusión negada, censurada y postergada. Esta protesta para rescatar la subjetividad de las PsD es algo de lo que no pueden desentenderse ni los sociólogos, ni los terapeutas ocupacionales, ni nadie que intervenga, imagine y se comprometa con las PsD.

Referencia: Baeza, M. A. (2015). Hacer mundo, significaciones imaginario-sociales para constituir sociedad. RIL editores, Santiago de Chile.

02/11/2016

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