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El pie civilizador

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Por David Casado

Escucho ayer en la radio a un señor que ha escrito un libro para andar descalzo, y ya tengo más de media docena de manuales para aprender la desnudez del pie. Entre unos y otros nos enseñan qué positivo es para el espíritu y para el cuerpo prescindir de calzado, cómo hay que cuidar los pies, qué argumentos podemos usar para convencer a otros y justificar nuestra elección, y cómo contribuiremos así a nuestro bienestar y a la salvación del planeta. Incluso qué zapatos comprar para andar cómo si realmente fuésemos descalzos.

No dudo que todas estas son informaciones bien útiles para quien necesite consejo. Pero lo que se ha pasado a llamar barefooting se presenta como un fenómeno complejo en su sencillez franciscana. Hasta ahora los imaginarios del pie descalzo estaban fuertemente articulados por la idea de la pobreza (no anda descalzo quien quiere sino quien no puede permitirse ni un par de chanclas de plástico) y la renuncia a lo material (eremitas, santos y Cristo aparecen sin calzado) de quien está más allá de este mundo.

Recientemente circulaba por la prensa el periplo del equipo de basquet de niños triquis de Oaxaca por Argentina, USA y Alemania, la noticia: jugaban descalzos. En la prensa mexicana se lee que aún descalzos ganaban y que ahora ya se pueden comprar zapatillas de basquet, en una mezcla de orgullo y alivio, –esperemos que no empiecen a perder–. El tono de la noticia se regía por la idea de que “a pesar de ir descalzos ganan”. En Alemania y USA la noticia no tenía tanto que ver con sus logros deportivos sino con la posibilidad de poder jugar con los pies libres, lo que les da un plus a la hora de estar en la cancha. Aquí el tono era que “ganan por ir descalzos”; con cierta sorpresa (o envidia) los niños triquis hacen lo mismo o más con menos.

El caso opuesto es el de la renuncia, el que quiere estar del lado de los desprotegidos y vulnerables, la iconografía religiosa de quien sufre por las piedras del camino pero que también parece estar por encima de ese suelo terrenal. Más tarde las órdenes mendicantes y descalzas no renuncian al calzado lo reducen, lo minimizan a sandalias (el calzado bíblico) aproximándose a la vulnerabilidad, pero manteniendo ventajas funcionales de protección de pie. También los “médicos descalzos” de la revolución cultural china o los “pies descalzos “del MOIR en Colombia renunciaban a sus prerrogativas urbanas y de clase para ponerse en la piel de los que pretendían liberar. La prerrogativa de quien se puede descalzar, como las actrices que se liberan en las pasarelas y en las calles de moda de la tiranía del zapato que oprimen el pie y da calor.

El calzado es funcional, político, materialista, artefacto, símbolo y metáfora. Hoy el primer mundo reclama poder descalzarse, liberarse del peso de lo material y del consumo, volver a la sencillez que nos acerca a la Tierra, cercarse a esos niños triquis que también pueden ganar. Ahora ya podemos comprarnos manuales de autoayuda descalzos, cursos para aprender a andar descalzos, zapatillas barefoot y sobre todo liberarnos de la “civilización pedia”. Ted McDonald en la parte final de su apología del barefoot runnningBorn to Run” plantea incluso que andar descalzo nos convertirá en mejores personas y nuestras sociedades se transformarán en sociedades sin violencia, enfermedades y vicios. Andar descalzo sería un bien primario que humanidad ha perdido. La nueva piedra filosofal.

Un nuevo imaginario del pie descalzo emerge con fuerza, y creo que va a quedarse entre nosotros, porque ha unido una demanda muy moderna de optimización personal con una vieja historia. La idealización romántica del salvaje (el pobre, el indígena –perdonen la incorrección política–) vuelve a cobrar fuera, no por estar en posesión de una moral natural no contaminada por la civilización, sino por ser fiel a su genética y a las reglas evolutivas de la biodinámica de la especie humana. En el pie se juntan los fantasmas del consumo, el colonialismo y el neoliberalismo. Y así declaramos: ¡Voy descalzo porque yo puedo!

06 de julio de 2016

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