Red Iberoamericana de Investigación en Imaginarios y Representaciones (RIIR)

Ensalvajamiento

La vida como reacción imaginal

 La vivencia cotidiana de la extrema violencia, de la intimidación latente y sorpresiva, nos sitúa en una reacción imaginal o poética constante. La ausencia de lo afectivo frente a una racionalidad omnipresente y el aumento de la violencia como consecuencia directa, nos sumerge en una profunda tristeza y en una honda reacción imaginal, revelada en la emergencia de oasis tribales en los cuales cobijarnos y ser en relación sensible.

El terror como parte de las ciudades deshumanizadas, se anida en el centro de nuestras sociedades modernas como en las reuniones colectivas entorno a todos los símbolos que le representan. En este sentido, la emergencia de lo poético en nuestro presente vivo, se ofrece como un recogimiento sensible, como un umbral silencioso que nos invita a reencantar las relaciones e ingresar en la dimensión estética de la vida.

Apolline Torregrosa y Roberto Falcon

 

Ensalvajamiento

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Por Apolline Torregrosa

Una columna publicada hace unos días con el título “el pie civilizador”, describía la tendencia de volver a estar descalzos, es decir, de rechazar el calzado para retomar contacto con la tierra. Esta situación es reveladora de ciertas tendencias sociales que buscan una profunda relación con lo vital, con lo natural y que son propias del ambiente de nuestra época. En general, podemos decir que sentimos una marcada saturación del modelo de bienestar de nuestras sociedades, ya que no corresponde con la disposición sensible de las personas de estar en el presente. Sumergidos en una realidad social hiper-industrializada, mecanizada, utilitarista y cosificada, donde la persona quedó ausente de estas estructuras rígidamente anticipadas, percibimos diversas formas de retorno hacia valores correspondientes a lo ancestral, a un arcaísmo cuyas raíces fundan el territorio de las relaciones cotidianas. Desde este escenario, hablamos de “ensauvagement” o ensalvajamiento, o sea, el retorno a un cierto estado salvaje de la existencia fuera de toda domesticación.

Este ensalvajamiento se traduce por un retorno a la naturaleza en un estadio más aleatorio y espontáneo frente a una naturaleza contenida. Este deslizamiento comienza en la saturación de una sociedad que anticipa y prevé todo, que busca la perfección y el dominio del entorno, del cuerpo, del tiempo. Situación que nos ha llevado a un progreso esencialmente material, omitiendo aspectos constituyentes de la naturaleza de las personas, como lo sensible, lo onírico y lo instintivo. En efecto, lo animal o naturaleza salvaje daba miedo, por ello se ha preferido controlarla, apartarla y desecharla para devenir personas civilizadas, ordenadas en un marco social bien estructurado. Así nuestras vidas han quedado conducidas de manera racional, encuadradas en proyectos que supervisan su desarrollo.

Actualmente emerge la necesidad de recuperar los lazos a una alteridad entendida no solamente como los otros, sino como la propia naturaleza animal de un nosotros instintivo y misterioso que nos caracteriza. Reintegrando la naturaleza en nuestro cotidiano, los espacios que habitamos se transforman y de este modo quedamos cobijados de los espacios urbanizados desmedidos. En ello, se modifican nuestros pensamientos, actos y costumbres, como la alimentación y hábitats. Es en referencia a éstos últimos donde constatamos la tendencia a buscar espacios más naturales, a convertir nuestros interiores modernos en lugares de diversidad con jardines secretos. Las plantas devienen nuestro territorio, completan nuestros hogares, constituyen el oikos completo de nuestra vida.

Ahora preferimos sugerir sensiblemente y no buscar una perfección racional sofisticada, dejando a la naturaleza integrarse en nuestros espacios interiores de modo más aleatorio. Esta situación se revela también en la presencia de una diversidad de objetos tótems que nos cuentan historias y nos invitan a vivir imaginarios seductores. En este sentido, nos rodeamos de relatos, de narraciones que nos transportan hacia diversas épocas, en un viaje fascinante que liga pasado, presente y futuro. Inmersos en este contexto, se valora el acto creativo de la  mano, lo artesanal e incluso lo ya usado y el error, pues nos hace recordar que han sido personas que los han realizado. Rodeados de un universo sensible, los objetos y nuestros interiores, nos hablan de otras vidas, de otras historias que se entrelazan a la nuestra, haciéndonos participar de una dimensión más amplia del estar vivos.

De ahí el auge a los muebles antiguos, a los artefactos que muestran una huella, donde lo de segunda mano religa lo anciano y lo nuevo, los tiempos, los lugares y sus historias. En estas tendencias se anudan lo sensible, lo natural, la lentitud, la atención, la calidad y la alteridad, donde los elementos se presentan en una autenticidad simple y natural. Finalmente notamos la aparición de jardines secretos, entre plantas y objetos, con sus múltiples rincones y misterios, donde la naturaleza vuelve a ser refugio y nos recuerda la dimensión instintiva de las personas. Son como antenas o centros energéticos que nos conectan al cosmos, a una dimensión más amplia y arquetipal: la madre naturaleza.

16 de julio de 2016

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