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Dejar soñar el mundo

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Por Apolline Torregrosa

Desde hace unos meses, algunas plazas de distintas ciudades de Francia están ocupadas por personas que se instalan y conversan entre sí, organizan asambleas y preparan diversas acciones para el día siguiente, que tendrán ciertas repercusiones en los medios. Estos movimientos están en resonancia con los Indignados, movimiento que emergió en España el 15 marzo de 2011, en repuesta a la crisis que azotaba Europa. Estos últimos años, se multiplicaron los movimientos sociales que prefieren re-tomar la calle de manera pacifica, desde una organización horizontal, sin buscar confrontaciones, ni revoluciones. Francia conocida por sus protestas públicas, sus manifestaciones constantes y a veces juzgadas como excesivas, ha tomado otro rumbo en estas acciones sociales, que se visibiliza en el movimiento denominado “Nuit Debout”. Estamos ante efervescencias organizadas desde las redes sociales y los medios personales, ajenas a partidos políticos, ofreciendo otro panorama de contestación social, otra forma de oponerse al sistema imperante. Los Indignados en España, la Primavera Árabe o la Nuit Debout en Francia, se alejan de las manifestaciones habituales, protagonizadas por un partido político, lideradas y limitadas por un cortejo que marcha en la ciudad, siempre con la autorización de la administración pertinente. Es una ocupación del espacio cotidiano, realizada de manera espontánea para expresar el malestar, una saturación a los discursos políticos repetidos.

Inspirado de uno de los lemas de los Indignados “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, la Nuit Debout, o “noche en pie” se presenta como una reconquista ciudadana, que se organiza desde una miríada de emprendimientos, lugares y voces, que impulsan a repensar las situaciones actuales. Algunas iniciativas son orales, otras más corporales – individuales y/o grupales, formativas, a veces contra el gobierno, la ley de trabajo, una empresa o simplemente para incitar el diálogo sobre lo que cada uno espera de esta agrupación viva. Todo ello conforma una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, donde prima lo comunitario frente a la metrópolis industrializada. Ofrece la oportunidad de poner en práctica lo que se expresa: economía solidaria, difusión propia, política desde el debate, etc. Una manera de reinventar la democracia que parece perderse en los países europeos. Actividad viva que Maffesoli define como una misa nocturna, donde el sentido es estar juntos desde lo emocional y no el deber u objetivos precisos. Son reuniones que no se proyectan en un porvenir, sino que se revelan en un presente sensible, para soñar el mundo tal como lo presentimos, tal como nos gustaría que sea.

Esta situación emerge en una supuesta democracia donde el pueblo ya no tiene la palabra, sino que está expresada por representantes que ya no le representan, ya que se representan solamente a ellos mismos y a su grupo político tal como lo expresa Edgar Morin; podríamos decir que estamos en un simulacro de democracia y política, que simula tratar lo cotidiano para hacer perdurar estructuras de poderes. Por ello, el pueblo simplemente, siente la necesidad de estar con los otros, ocupar sus espacios, sus plazas, el lugar arquetipal del encuentro vivo, para reestablecer el dialogo en la ciudad, para estar juntos e intercambiar sin representaciones. Justamente en las redes sociales se han compartido estas letras de Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. Se reinventa así la agora contemporánea, desde la ocupación de las plazas, estos espacios que vieron nacer la democracia y que nos vuelven a hacer vivir el deseo de tener la palabra y compartirla juntos. El impulso de participar es más sensible, espiritual, ético, es la expresión de una contestación desde la fusión con el espacio colectivo. Experiencia que invita a desplazar el poder, para dejar lugar a la intervención de cada uno, como un elan colectivo que circula vitalmente. Efervescencias que se alejan de todo sistema de poder, para generar y ofrecer modos de relación desde una organización horizontal, donde cada uno pone a disposición su saber hacer. Realidad bien ilustrada por la escritora Sarah Roubato: “Dans ce pays, le rêve est difficile. Je ne parle pas du rêve qui s’éteint une fois rentré chez soi, une fois l’euphorie passée. Je parle d’un rêve qui s’implante dans le réel. Un changement qui ne se déclare pas mais qui s’essaye, les mains dans le cambouis du quotidien.”

14 de junio de 2016

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