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Sobre el vínculo entre las representaciones sociales y la naturalización de relaciones de dominación.

Anahí

Por Anahí Patricia González

Las representaciones, por su carácter de producción social, suponen la creación de una situación nueva, diferente a lo que cada individuo en particular piensa o crea simbólicamente. Es lo que Durkheim[i] ya hubiera escrito cuando sostenía la “independencia” de los “hechos sociales”, que “… presentan características muy especiales: consisten en modos de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, y están dotados de un poder de coacción en virtud del cual se imponen sobre él”.

En este sentido, podemos decir que las representaciones son conservadoras, característica que se vincula además con su función de recetas para el accionar de la que nos hablara, entre otros autores, Jodelet[ii]. Es decir, aquel rol central consistente en que los sujetos logremos cierto nivel de certidumbre sobre lo que nos acontece cotidianamente en nuestra interacción con los demás.

Empero, las representaciones sociales también son sustanciales para el éxito de relaciones sociales de dominación, es decir para lograr que dichas relaciones se naturalicen e “invisibilicen”, en el sentido de que no sean cuestionadas sobre todo por quienes las padecen. Desde los regímenes políticos hasta las relaciones interpersonales requieren cierto grado de naturalización de los lugares que dominantes y dominados ocupan para que sean posibles. Ello no implica que con las representaciones sociales sea suficiente para la conservación de dicho statu quo, no obstante, estructuras de dominación se combinan con diversos grados de “violencia simbólica”, en el sentido de Bourdieu[iii] y, consecuentemente,

“Cuando los sistemas de percepción incorporado por las personas se colocan frente a las estructuras de relaciones asimétricas que condicionaron sus formas de percibir lo social, la realidad se convierte no sólo en insumo de pensamiento sino que, además, produce y refuerza las categorías socialmente aprendidas para captarla.”[iv]

Se establece así un proceso espiralado de naturalización, invisibilización y, en cierto grado institucionalización, de situaciones y posiciones de los sujetos que se reproducen y cuya circularidad resulta difícil de quebrar por medio de un simple acto voluntario. En este sentido es que los análisis de Durkheim vuelven a ser útiles para comprender sociológicamente los procesos de naturalización de relaciones de poder y dominación actuales. Queda mucho por trabajar en relación a este aspecto de las representaciones sociales como herramienta de análisis que posibilite visibilizar dichas estructuras de dominación que se manifiestan a nivel de relaciones de poder tanto macro como micro.

[i] Durkheim, E. (2002). Las reglas del método sociológico. Buenos Aires: FCE.

[ii] Jodelet, D. (1986). La representación social: fenómenos, concepto y teoría. En Moscovici (1986). Psicología social (págs. 469-494). Barcelona: Paidós.

[iii] Bourdieu, P., & Passeron, J. C. (1996). La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. México: Fontamara.

[iv] Sidicaro, R. (2003). La sociologia según Pierre Bourdieu por Ricardo Sidicaro. En P. Bourdieu, & J. C. Passeron, Los herederos. Los estudiantes y la cultura (págs. IX-XXXII). Argentina: Siglo XXI.

18/01/2017

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