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Imaginario Social de “La Cola” en Venezuela 1ª parte.

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Por. Ada Rodríguez Álvarez

Desde hace aproximadamente 3 años, Venezuela atraviesa una crisis económico-política que ha llevado al desabastecimiento y escasez de los productos de primera necesidad que surten la canasta básica alimentaria de los hogares venezolanos. Esta situación económica ha llevado a los ciudadanos a hacer grandes “colas” (filas de personas) frente a los establecimientos comerciales en todos los estados de la nación; dichas colas, que pueden duran 24 horas o más, son una especie de fenómeno social que sobrepasa las barreras del estudio económico; se trata de un tema sociológico, antropológico e incluso cultural. En esta columna, que será presentada en tres  partes, quien suscribe conformará un conjunto de reflexiones y comentarios basados en experiencias cotidianas para la observación de dicho fenómeno con miras, finalmente, a elevar una red de sentido en torno al Imaginario Social de “La Cola” en Venezuela a partir de la observación empírica de la realidad social y económica diaria, local y nacional.

¿Por qué “La Cola” puede ser percibida como un fenómeno económico- político con impacto social y cultural? Acerquémonos a esta realidad…

En el transitar diario por cualquier ciudad del país, se aprecia que los hombres y mujeres han ido construyendo su hacer cotidiano en atención a “La Cola”. Todos hablan de “La Cola” pues se ha vuelto el tema común en los medios informativos y en los hogares; ningún venezolano desconoce su significado ni puede evitar tenerla como tema de conversación frecuente, casi obligatorio; pocos escapan de ella puesto que si no la experimentan en carne propia en el presente, al menos forma parte de su pasado reciente. Todos en Venezuela, alguna vez, han hecho su cola.

“La Cola” se ha convertido en una especie de ente, una suerte de entelequia suprema que rige el accionar humano en Venezuela y establece las condiciones del quehacer diario en términos de  tiempo y espacio. “La Cola” es la dueña del pensamiento del venezolano de hoy en día que traza su destino inmediato en función de esta nueva realidad; así, el accionar humano está marcado y decidido por el destino que le impone esa entidad que cronometra su tiempo y lo ubica cada día donde ella pueda estar. Es decir que la ubicación espacio-temporal de muchos pobladores está supeditada a las coordenadas efímeras e imprecisas de “La Cola”. La Cola no sólo determina ubicación espacio-temporal sino que puede convertirse en un objeto concreto y material y por ello en Venezuela “se guarda la cola”. Sólo basta con caminar entre la multitud en cualquiera de las múltiples colas que se forman a diario, por ejemplo, en el centro de la ciudad de Barquisimeto (Capital del Estado Lara) para escuchar este tipo de conversaciones:

“-¿Y mañana vas a trabajar?

–No chamo, mañana hay pasta en los chinos de la 49, tengo que ir a hacer la cola a las 5 ‘e la mañana.”

“-Mira mujer, ¿No sabes dónde hay jabón esta semana?

-Noooo chama; pero yo mañana me vengo tempranito al Este para ver dónde van a vender.

-Ah, bueno me avisas dónde van a hacer cola y me la guardas que yo llego como a las 7 a donde tú me digas.”

Otro día cualquiera, al preguntarle a cualquier ciudadano que religiosamente hace su cola diaria en cualquier local de venta de víveres: “¿Señor, para qué es la cola?, ¿Qué van a vender hoy?” Es muy común oír la misma respuesta: “No sé. Hay que esperar que llegue algún camión  a ver qué hay hoy”.  Es decir que “La Cola” es también una odisea, una especie de viaje hacia distintos establecimientos comerciales en busca de aventuras, siempre esperando,  siempre a la expectativa de lo que el destino le depara a cada individuo. Y es que “La Cola” tiene su propia dinámica, es necesario conocer ese dinamismo para ser considerado un individuo claramente ubicado en el mundo, un ser social, a tono con el ritmo de la vida diaria y al ritmo de La Cola y de su esencia…

Continuará…

En la próxima entrega: Parte II de III: Mi Experiencia Personal con La Cola.

04/10/2016

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